{"id":370,"date":"2016-06-02T14:29:39","date_gmt":"2016-06-02T13:29:39","guid":{"rendered":"http:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/?p=370"},"modified":"2016-06-02T16:45:05","modified_gmt":"2016-06-02T14:45:05","slug":"consejos-a-un-colega-medico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/consejos-a-un-colega-medico\/","title":{"rendered":"Consejos a un colega m\u00e9dico"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section admin_label=\u00bbsection\u00bb transparent_background=\u00bboff\u00bb background_color=\u00bb#141414&#8243; allow_player_pause=\u00bboff\u00bb inner_shadow=\u00bboff\u00bb parallax=\u00bboff\u00bb parallax_method=\u00bboff\u00bb padding_mobile=\u00bboff\u00bb make_fullwidth=\u00bboff\u00bb use_custom_width=\u00bboff\u00bb width_unit=\u00bbon\u00bb make_equal=\u00bboff\u00bb use_custom_gutter=\u00bboff\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbrow\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243;][et_pb_text admin_label=\u00bbTexto\u00bb background_layout=\u00bblight\u00bb text_orientation=\u00bbleft\u00bb text_font_size=\u00bb30&#8243; text_text_color=\u00bb#e09900&#8243; use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb] Consejos a un colega m\u00e9dico [\/et_pb_text][et_pb_text admin_label=\u00bbTexto\u00bb background_layout=\u00bbdark\u00bb text_orientation=\u00bbleft\u00bb text_font=\u00bbLato Light||||\u00bb text_font_size=\u00bb16&#8243; use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>\u00bfRecuerdas cuando juraste el C\u00f3digo Hipocr\u00e1tico<\/strong>? \u00bfReflexionaste alguna vez sobre \u00e9l en el silencio de tu alcoba? Tenemos la profesi\u00f3n m\u00e1s hermosa a la que puede optar un ser humano: servir a los dem\u00e1s. Realmente, servir a los dem\u00e1s lo hacemos casi todos, desde el ama de casa que entrega su vida a la familia hasta el barrendero que limpia la basura de nuestras calles, pasando por el polic\u00eda que cuida de nuestra seguridad o el sacerdote que vela por las almas de los descarriados; pero en tu caso, sirves al ser enfermo, disminuido en su integridad corporal o mental, que cuando cruza el umbral de la puerta de tu despacho, pone su vida en tus manos, te entrega el mando de su salud y su bienestar, se entrega a ti, resignado ante el diagn\u00f3stico y dispuesto a obedecer tus instrucciones terap\u00e9uticas. <strong>Nadie tiene m\u00e1s poder en las manos que t\u00fa cuando un semejante deposita toda su confianza en ti.<\/strong> Esto obliga a saber servir con la mayor grandeza de esp\u00edritu. Dice un proverbio \u00e1rabe que la humildad es un hilo con el que se encadena la gloria. Quiz\u00e1 estar\u00e1s pensando: \u201cSi yo te contara la fauna que tengo que atender\u201d. <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-372 alignleft\" src=\"http:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Consejo-medico-ramon-cacabelos.jpg\" alt=\"Consejo-medico-ramon-cacabelos\" width=\"400\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Consejo-medico-ramon-cacabelos.jpg 400w, https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Consejo-medico-ramon-cacabelos-150x150.jpg 150w, https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Consejo-medico-ramon-cacabelos-300x300.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>Ya s\u00e9 que Blaise Pascal (1623-1662) dec\u00eda que cuanto m\u00e1s hablaba con los hombres, m\u00e1s admiraba a su perro. En tu caso, ese ser enfermo -banal o grave- que llega a ti, lleva puesto el impermeable del miedo, debajo del cual todo es desnudez. Y tienes que saber tratar con ternura el rubor de un alma desnuda que, la primera vez, sin conocerte de nada, sin saber qui\u00e9n eres, se ve obligada a vaciar el ba\u00fal de su propia historia, de sus secretos, sus miserias, sus incoherencias&#8230; porque los m\u00e9dicos nunca pedimos a nuestros pacientes que nos cuenten sus \u00e9xitos; siempre buscamos fracasos, meteduras de pata, accidentes y percances, esas torpezas que a veces conducen a la enfermedad voluntaria, casual, o relacionada con algo que nos ilumine para saber d\u00f3nde comienza el problema que tenemos que resolver. Ellos esperan de ti un esp\u00edritu amplio y generoso. Cuando te cuelgas el estetoscopio y entras en escena, eres un actor al que no se le permite exteriorizar sus propios sentimientos o aflicciones. Est\u00e1s ejerciendo. Eres el m\u00e9dico (para unos, todopoderoso; para otros, un funcionario a sueldo). Tienes un papel que desempe\u00f1ar; es el gui\u00f3n de la obra de tu profesi\u00f3n. <em>Ese papel requiere presencia, h\u00e1bito, ornamento, talento, profesionalidad, arte, honestidad, psicolog\u00eda y coraz\u00f3n (a veces, tambi\u00e9n tripas).<\/em> El saber escenificar esta representaci\u00f3n es lo que diferencia a unos m\u00e9dicos de otros. Hoy d\u00eda, el acceso al conocimiento es com\u00fan para todos; la tecnolog\u00eda se compra; cualquier prueba sofisticada es adquirible; la intervenci\u00f3n m\u00e1s arriesgada puede asumirse y realizarse en equipo; el mundo es una gran aldea en la que cualquier medicamento est\u00e1 al alcance de quien lo requiera. Disponemos de casi todo (cuando hay recursos). Lo \u00fanico que nos diferencia est\u00e1 en nosotros mismos. Dec\u00eda Henri Fr\u00e9d\u00e9ric Amiel (1821-1881) que \u201cel hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre m\u00e1s que por el coraz\u00f3n\u201d. Nos diferenciamos unos de otros cuando somos sinceros con nuestros pacientes, cuando reconocemos nuestras limitaciones, cuando no hablamos mal de nuestros colegas, cuando no calumniamos ni difamamos, cuando no despreciamos lo que hacen otros, cuando somos comprensivos y tolerantes, cuando no hacemos ostentaci\u00f3n de lo que no somos, cuando no confundimos a nuestros enfermos con informaciones indocumentadas, cuando no pretendemos ocultar nuestra ignorancia tras la grandilocuencia de palabras vac\u00edas o extra\u00f1as carentes de significado real. Dec\u00eda Fran\u00e7ois de la Rochefoucauld (1613-1680) que \u201clos esp\u00edritus mediocres suelen condenar todo aquello que est\u00e1 fuera de su alcance\u201d. Para Jean-Baptiste Say (1767-1832) \u201cuna de las mayores pruebas de mediocridad es no reconocer la superioridad de los dem\u00e1s\u201d. <strong>Cuando tengas que afrontar un problema complejo que no puedes resolver por ti mismo, recuerda que siempre hay alguien que sabe m\u00e1s que t\u00fa, que seguramente puede hacerlo, y cuya ayuda te honrar\u00e1 y te dar\u00e1 cr\u00e9dito ante tus pacientes. S\u00e9 siempre agradecido y respetuoso con tus colegas. El mundo da muchas vueltas y nadie sabe cu\u00e1l ser\u00e1 la \u00faltima.<\/strong> S\u00e9 cauto y discreto con el lenguaje. No olvides lo que dec\u00eda Rufo Quinto Curcio: \u201clos r\u00edos m\u00e1s profundos son siempre los m\u00e1s silenciosos\u201d; o echa una ojeada a las m\u00e1ximas de Voltaire (1694-1778): \u201cuna palabra mal colocada estropea el m\u00e1s bello pensamiento\u201d. La verdad es sencilla y la ternura aten\u00faa el dolor cuando tienes que dar una mala noticia, un diagn\u00f3stico aterrador, un pron\u00f3stico infausto, un resultado quir\u00fargico tr\u00e1gico. \u201cHay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable\u201d, dec\u00eda George C. Lichtenberg (1742-1799); a lo que Montesquieu (1689-1755) a\u00f1ad\u00eda: \u201cla gravedad es el escudo de los tontos\u201d.<\/p>\n<p>Esfu\u00e9rzate siempre por aprender. Nunca te conformes con lo que sabes. Nuestra profesi\u00f3n es una imperfecci\u00f3n sublime en evoluci\u00f3n permanente. Quien se detiene se muere. Quien renuncia al aprendizaje constante se convierte en el peor enemigo de la medicina y de los enfermos. Dec\u00eda Confucio (551-479 a.C.) que \u201cquien pretenda una felicidad y sabidur\u00eda constantes, debe acomodarse a frecuentes cambios\u201d. S\u00e9 perseverante en el aprendizaje. Es tu mejor inversi\u00f3n. Ver\u00e1s que cuanto m\u00e1s sabes, m\u00e1s necesitas saber para servir mejor a tus enfermos. <strong>Encontrar\u00e1s resistencia en tu b\u00fasqueda de la excelencia y en tu subida a la monta\u00f1a del conocimiento, cuya cumbre nunca se alcanza.<\/strong> Unos pocos te admirar\u00e1n y seguir\u00e1n tu senda; para el resto ser\u00e1s un molesto diletante al que intentar\u00e1n silenciar y marginar para que no cunda tu ejemplo. Cuando esto ocurra, acu\u00e9rdate de lo que un d\u00eda dijo Jonathan Swift (1667-1745): \u201c<em>cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconocer\u00e9is por el signo de que todos los tontos se unen contra \u00e9l<\/em>\u201d. Si tienes alma de genio, no te arrugues ni te dejes arrastrar por estados de opini\u00f3n. Ya sabes lo que dijo Gustave Le Bon (1841-1931): \u201cun pa\u00eds gobernado por la opini\u00f3n no lo est\u00e1 por la competencia\u201d. Si no est\u00e1s de acuerdo con la mayor\u00eda, no te ocultes; reinvindica tu derecho a manifestarte avalado por el conocimiento. Mant\u00e9n una distancia prudente entre el conocimiento y la propaganda. No permitas que el marketing pueda m\u00e1s que la raz\u00f3n o los datos cient\u00edficos. Tampoco te cierres a la novedad inconformista. Las razones de la mayor\u00eda no siempre se ajustan a la verdad de las cosas. \u201cVale m\u00e1s tener envidiosos que inspirar piedad\u201d, dec\u00eda Erasmo de Rotterdam (1467-1536). Nunca olvides que \u201cel mundo s\u00f3lo erige altares a las v\u00edctimas que ha sacrificado\u201d, como dec\u00eda \u00c9douard de Laboulaye (1811-1883); pero no vayas de m\u00e1rtir por la vida.<\/p>\n<p>Que no te asusten ni incomoden aquellos pacientes que hacen gala de sus conocimientos m\u00e9dicos. Comparte y ampl\u00eda sus aciertos y corrige sus l\u00f3gicos desvar\u00edos. Cuanto m\u00e1s cultos y objetivos sean tus enfermos, m\u00e1s f\u00e1cil ser\u00e1 el di\u00e1logo y mejor la capacidad de comprensi\u00f3n mutua. Respeta a los que no te entienden. Nuestra labor lleva impl\u00edcito el educar. Si no somos capaces de transmitir cultura m\u00e9dica, estamos fracasando en nuestros objetivos sanitarios. Culturizar es dar libertad. Dec\u00eda Miguel de Unamuno (1864-1936) que \u201c<em>s\u00f3lo el que sabe es libre, y m\u00e1s libre el que m\u00e1s sabe&#8230;la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 ocasiones en las que te sentir\u00e1s decepcionado y traicionado. Puede que aquellos por los que m\u00e1s has hecho (pacientes, familiares, colegas, socios) sean los primeros en apu\u00f1alarte. La traici\u00f3n y la envidia son hijas bastardas de la naturaleza humana. Los que menos te imaginas est\u00e1n a la espera de tu ca\u00edda para pasar por encima de tus restos. No esperes compasi\u00f3n en la adversidad. Hay p\u00e1jaros que s\u00f3lo viven para hundir sus picos en la carro\u00f1a. En cualquier circunstancia, como dec\u00eda Dem\u00f3filo (1844-1935), \u201c<strong>haz lo que consideres honesto, sin esperar ning\u00fan elogio; acu\u00e9rdate de que el vulgo es un mal juez de las buenas acciones<\/strong>\u201d. Muchas veces tendr\u00e1s que convivir con perros incapaces de entender que hay huesos para todos; te ladrar\u00e1n y gru\u00f1ir\u00e1n para arrebatarte la comida. M\u00e1rcales el territorio y mantenles a distancia para que cuando su empacho eg\u00f3latra les haga reventar no te alcance la onda de flatulencia p\u00fatrida.<\/p>\n<p>Respeta a la autoridad. La armon\u00eda social se fundamenta en el respeto. <strong>Un buen ciudadano an\u00f3nimo es una garant\u00eda social<\/strong>. Estate siempre en contacto con la realidad. La enfermedad est\u00e1 en el mundo. Para vencer al enemigo tienes que conocerlo. El mejor laboratorio es la calle. El mejor microscopio es el di\u00e1logo; pero ni la calle ni el di\u00e1logo pueden sustituir al laboratorio y al microscopio cuando toca documentar diagn\u00f3sticos.<\/p>\n<p><strong>Lleva siempre bien alta la bandera de la honradez en lo p\u00fablico y en lo privado.<\/strong> Henri Lacordaire (1802-1861) dec\u00eda que \u201cel hombre honrado es el que mide su derecho por su deber\u201d. Respeta las leyes, pero no te autolimites a los marcos legales, porque \u2013como dec\u00eda S\u00e9neca (4 a.C.-65)- \u201clo que las leyes no proh\u00edben, puede prohibirlo la honestidad\u201d.<\/p>\n<p>Tu paz interior asienta en la limpieza de tu esp\u00edritu y en la estabilidad de tu familia. <strong>Nunca descuides la armon\u00eda de tu hogar.<\/strong> Recuerda lo que dec\u00eda Confucio: \u201cuna casa ser\u00e1 fuerte e indestructible si est\u00e1 sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente\u201d. A la calle llevamos lo que cocemos en nuestra cocina, lo que gestamos en nuestra cama y lo que dejamos en nuestro cuarto de ba\u00f1o. No te dejes seducir por cantos de sirena. El m\u00e9rito de Ulises no fue tanto el resistir la atracci\u00f3n fat\u00eddica de las ninfas atado al m\u00e1stil de su barco, como la moralidad y la fe inquebrantable de su esposa Pen\u00e9lope, que nunca dej\u00f3 de tejer la esperanza de un futuro compartido con el h\u00e9roe de la Odisea de Homero. Entre los muchos reba\u00f1os que tengas que apacentar en tu vida personal y profesional, puede que no todas sean ovejas. Y si te equivocas -que lo har\u00e1s, como nos ocurre a todos- no te instales en el error. Dec\u00eda Th\u00e9odore de Banville (1823-1891) que \u201clos que no hacen nada nunca yerran\u201d; y es bien conocido el dicho de Cicer\u00f3n (106-43 a.C.): \u201chumano es errar; pero s\u00f3lo los est\u00fapidos perseveran en el error\u201d. Seg\u00fan John Churton Collins (1848-1908), \u201c<em>la mitad de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>S\u00e9 que nada de lo escrito te es ajeno. Hay personas a las que no les gusta recibir consejos (unos son sordos, otros son ciegos, algunos ambas cosas). En esta ocasi\u00f3n, se trata de reflexiones en alto, para una persona como t\u00fa, que es sensible al eco de los genios que nos han transmitido su sabidur\u00eda. Es bueno reconocer que gran parte de lo que somos y sabemos se lo debemos a quienes nos precedieron. La rueda de la historia no para de dar vueltas; la sabidur\u00eda de los tiempos es intemporal y nunca pasa de moda. La pena es que no hagamos caso a quienes nos aportan su experiencia, a quienes nos advierten que las vivencias de nuestro presente y, probablemente, las de nuestro futuro, ya fueron experimentadas por otros en otro tiempo, en cualquier tiempo, porque el hombre sigue golpe\u00e1ndose en la misma piedra desde que dej\u00f3 de andar a gatas, cada uno estrell\u00e1ndose a su manera. Yo s\u00f3lo quer\u00eda compartir contigo esas peque\u00f1as reflexiones que sacuden nuestra conciencia cuando nos ataca la crisis de la sensatez (o de la edad), cuando en la soledad de nuestros pensamientos dejamos de mirar hacia fuera, nos alejamos del escenario de las apariencias, y echamos una mirada al interior. <strong>En realidad, yo s\u00f3lo quer\u00eda decirte que, aunque como especie tengamos los mismos genes, los mismos derechos como seres humanos, incluso la misma profesi\u00f3n, no todos somos iguales. La diferencia est\u00e1 en ti mismo. La diferencia est\u00e1 en la forma de sembrar salud donde hay enfermedad.<\/strong><\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Consejos a un colega m\u00e9dico \u00bfRecuerdas cuando juraste el C\u00f3digo Hipocr\u00e1tico? \u00bfReflexionaste alguna vez sobre \u00e9l en el silencio de tu alcoba? Tenemos la profesi\u00f3n m\u00e1s hermosa a la que puede optar un ser humano: servir a los dem\u00e1s. Realmente, servir a los dem\u00e1s lo hacemos casi todos, desde el ama de casa que entrega [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":372,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"on","_et_pb_old_content":"\u00bfRecuerdas cuando juraste el C\u00f3digo Hipocr\u00e1tico? \u00bfReflexionaste alguna vez sobre \u00e9l en el silencio de tu alcoba? Tenemos la profesi\u00f3n m\u00e1s hermosa a la que puede optar un ser humano: servir a los dem\u00e1s. Realmente, servir a los dem\u00e1s lo hacemos casi todos, desde el ama de casa que entrega su vida a la familia hasta el barrendero que limpia la basura de nuestras calles, pasando por el polic\u00eda que cuida de nuestra seguridad o el sacerdote que vela por las almas de los descarriados; pero en tu caso, sirves al ser enfermo, disminuido en su integridad corporal o mental, que cuando cruza el umbral de la puerta de tu despacho, pone su vida en tus manos, te entrega el mando de su salud y su bienestar, se entrega a ti, resignado ante el diagn\u00f3stico y dispuesto a obedecer tus instrucciones terap\u00e9uticas. Nadie tiene m\u00e1s poder en las manos que t\u00fa cuando un semejante deposita toda su confianza en ti. Esto obliga a saber servir con la mayor grandeza de esp\u00edritu. Dice un proverbio \u00e1rabe que la humildad es un hilo con el que se encadena la gloria. Quiz\u00e1 estar\u00e1s pensando: \u201cSi yo te contara la fauna que tengo que atender\u201d. Ya s\u00e9 que Blaise Pascal (1623-1662) dec\u00eda que cuanto m\u00e1s hablaba con los hombres, m\u00e1s admiraba a su perro. En tu caso, ese ser enfermo -banal o grave- que llega a ti, lleva puesto el impermeable del miedo, debajo del cual todo es desnudez. Y tienes que saber tratar con ternura el rubor de un alma desnuda que, la primera vez, sin conocerte de nada, sin saber qui\u00e9n eres, se ve obligada a vaciar el ba\u00fal de su propia historia, de sus secretos, sus miserias, sus incoherencias... porque los m\u00e9dicos nunca pedimos a nuestros pacientes que nos cuenten sus \u00e9xitos; siempre buscamos fracasos, meteduras de pata, accidentes y percances, esas torpezas que a veces conducen a la enfermedad voluntaria, casual, o relacionada con algo que nos ilumine para saber d\u00f3nde comienza el problema que tenemos que resolver. 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Disponemos de casi todo (cuando hay recursos). Lo \u00fanico que nos diferencia est\u00e1 en nosotros mismos. Dec\u00eda Henri Fr\u00e9d\u00e9ric Amiel (1821-1881) que \u201cel hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre m\u00e1s que por el coraz\u00f3n\u201d. Nos diferenciamos unos de otros cuando somos sinceros con nuestros pacientes, cuando reconocemos nuestras limitaciones, cuando no hablamos mal de nuestros colegas, cuando no calumniamos ni difamamos, cuando no despreciamos lo que hacen otros, cuando somos comprensivos y tolerantes, cuando no hacemos ostentaci\u00f3n de lo que no somos, cuando no confundimos a nuestros enfermos con informaciones indocumentadas, cuando no pretendemos ocultar nuestra ignorancia tras la grandilocuencia de palabras vac\u00edas o extra\u00f1as carentes de significado real. Dec\u00eda Fran\u00e7ois de la Rochefoucauld (1613-1680) que \u201clos esp\u00edritus mediocres suelen condenar todo aquello que est\u00e1 fuera de su alcance\u201d. Para Jean-Baptiste Say (1767-1832) \u201cuna de las mayores pruebas de mediocridad es no reconocer la superioridad de los dem\u00e1s\u201d. Cuando tengas que afrontar un problema complejo que no puedes resolver por ti mismo, recuerda que siempre hay alguien que sabe m\u00e1s que t\u00fa, que seguramente puede hacerlo, y cuya ayuda te honrar\u00e1 y te dar\u00e1 cr\u00e9dito ante tus pacientes. S\u00e9 siempre agradecido y respetuoso con tus colegas. El mundo da muchas vueltas y nadie sabe cu\u00e1l ser\u00e1 la \u00faltima. S\u00e9 cauto y discreto con el lenguaje. No olvides lo que dec\u00eda Rufo Quinto Curcio: \u201clos r\u00edos m\u00e1s profundos son siempre los m\u00e1s silenciosos\u201d; o echa una ojeada a las m\u00e1ximas de Voltaire (1694-1778): \u201cuna palabra mal colocada estropea el m\u00e1s bello pensamiento\u201d. La verdad es sencilla y la ternura aten\u00faa el dolor cuando tienes que dar una mala noticia, un diagn\u00f3stico aterrador, un pron\u00f3stico infausto, un resultado quir\u00fargico tr\u00e1gico. \u201cHay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable\u201d, dec\u00eda George C. Lichtenberg (1742-1799); a lo que Montesquieu (1689-1755) a\u00f1ad\u00eda: \u201cla gravedad es el escudo de los tontos\u201d. \r\nEsfu\u00e9rzate siempre por aprender. Nunca te conformes con lo que sabes. Nuestra profesi\u00f3n es una imperfecci\u00f3n sublime en evoluci\u00f3n permanente. Quien se detiene se muere. Quien renuncia al aprendizaje constante se convierte en el peor enemigo de la medicina y de los enfermos. Dec\u00eda Confucio (551-479 a.C.) que \u201cquien pretenda una felicidad y sabidur\u00eda constantes, debe acomodarse a frecuentes cambios\u201d. S\u00e9 perseverante en el aprendizaje. Es tu mejor inversi\u00f3n. Ver\u00e1s que cuanto m\u00e1s sabes, m\u00e1s necesitas saber para servir mejor a tus enfermos. Encontrar\u00e1s resistencia en tu b\u00fasqueda de la excelencia y en tu subida a la monta\u00f1a del conocimiento, cuya cumbre nunca se alcanza. Unos pocos te admirar\u00e1n y seguir\u00e1n tu senda; para el resto ser\u00e1s un molesto diletante al que intentar\u00e1n silenciar y marginar para que no cunda tu ejemplo. Cuando esto ocurra, acu\u00e9rdate de lo que un d\u00eda dijo Jonathan Swift (1667-1745): \u201ccuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconocer\u00e9is por el signo de que todos los tontos se unen contra \u00e9l\u201d. Si tienes alma de genio, no te arrugues ni te dejes arrastrar por estados de opini\u00f3n. Ya sabes lo que dijo Gustave Le Bon (1841-1931): \u201cun pa\u00eds gobernado por la opini\u00f3n no lo est\u00e1 por la competencia\u201d. Si no est\u00e1s de acuerdo con la mayor\u00eda, no te ocultes; reinvindica tu derecho a manifestarte avalado por el conocimiento. Mant\u00e9n una distancia prudente entre el conocimiento y la propaganda. No permitas que el marketing pueda m\u00e1s que la raz\u00f3n o los datos cient\u00edficos. Tampoco te cierres a la novedad inconformista. Las razones de la mayor\u00eda no siempre se ajustan a la verdad de las cosas. \u201cVale m\u00e1s tener envidiosos que inspirar piedad\u201d, dec\u00eda Erasmo de Rotterdam (1467-1536). Nunca olvides que \u201cel mundo s\u00f3lo erige altares a las v\u00edctimas que ha sacrificado\u201d, como dec\u00eda \u00c9douard de Laboulaye (1811-1883); pero no vayas de m\u00e1rtir por la vida.\r\nQue no te asusten ni incomoden aquellos pacientes que hacen gala de sus conocimientos m\u00e9dicos. Comparte y ampl\u00eda sus aciertos y corrige sus l\u00f3gicos desvar\u00edos. Cuanto m\u00e1s cultos y objetivos sean tus enfermos, m\u00e1s f\u00e1cil ser\u00e1 el di\u00e1logo y mejor la capacidad de comprensi\u00f3n mutua. Respeta a los que no te entienden. Nuestra labor lleva impl\u00edcito el educar. Si no somos capaces de transmitir cultura m\u00e9dica, estamos fracasando en nuestros objetivos sanitarios. Culturizar es dar libertad. Dec\u00eda Miguel de Unamuno (1864-1936) que \u201cs\u00f3lo el que sabe es libre, y m\u00e1s libre el que m\u00e1s sabe...la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura\u201d. \r\nHabr\u00e1 ocasiones en las que te sentir\u00e1s decepcionado y traicionado. Puede que aquellos por los que m\u00e1s has hecho (pacientes, familiares, colegas, socios) sean los primeros en apu\u00f1alarte. La traici\u00f3n y la envidia son hijas bastardas de la naturaleza humana. Los que menos te imaginas est\u00e1n a la espera de tu ca\u00edda para pasar por encima de tus restos. No esperes compasi\u00f3n en la adversidad. Hay p\u00e1jaros que s\u00f3lo viven para hundir sus picos en la carro\u00f1a. En cualquier circunstancia, como dec\u00eda Dem\u00f3filo (1844-1935), \u201chaz lo que consideres honesto, sin esperar ning\u00fan elogio; acu\u00e9rdate de que el vulgo es un mal juez de las buenas acciones\u201d. Muchas veces tendr\u00e1s que convivir con perros incapaces de entender que hay huesos para todos; te ladrar\u00e1n y gru\u00f1ir\u00e1n para arrebatarte la comida. M\u00e1rcales el territorio y mantenles a distancia para que cuando su empacho eg\u00f3latra les haga reventar no te alcance la onda de flatulencia p\u00fatrida. \r\nRespeta a la autoridad. La armon\u00eda social se fundamenta en el respeto. Un buen ciudadano an\u00f3nimo es una garant\u00eda social. Estate siempre en contacto con la realidad. La enfermedad est\u00e1 en el mundo. Para vencer al enemigo tienes que conocerlo. El mejor laboratorio es la calle. El mejor microscopio es el di\u00e1logo; pero ni la calle ni el di\u00e1logo pueden sustituir al laboratorio y al microscopio cuando toca documentar diagn\u00f3sticos.\r\nLleva siempre bien alta la bandera de la honradez en lo p\u00fablico y en lo privado. Henri Lacordaire (1802-1861) dec\u00eda que \u201cel hombre honrado es el que mide su derecho por su deber\u201d. Respeta las leyes, pero no te autolimites a los marcos legales, porque \u2013como dec\u00eda S\u00e9neca (4 a.C.-65)- \u201clo que las leyes no proh\u00edben, puede prohibirlo la honestidad\u201d.\r\nTu paz interior asienta en la limpieza de tu esp\u00edritu y en la estabilidad de tu familia. Nunca descuides la armon\u00eda de tu hogar. Recuerda lo que dec\u00eda Confucio: \u201cuna casa ser\u00e1 fuerte e indestructible si est\u00e1 sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente\u201d. A la calle llevamos lo que cocemos en nuestra cocina, lo que gestamos en nuestra cama y lo que dejamos en nuestro cuarto de ba\u00f1o. No te dejes seducir por cantos de sirena. El m\u00e9rito de Ulises no fue tanto el resistir la atracci\u00f3n fat\u00eddica de las ninfas atado al m\u00e1stil de su barco, como la moralidad y la fe inquebrantable de su esposa Pen\u00e9lope, que nunca dej\u00f3 de tejer la esperanza de un futuro compartido con el h\u00e9roe de la Odisea de Homero. Entre los muchos reba\u00f1os que tengas que apacentar en tu vida personal y profesional, puede que no todas sean ovejas. Y si te equivocas -que lo har\u00e1s, como nos ocurre a todos- no te instales en el error. Dec\u00eda Th\u00e9odore de Banville (1823-1891) que \u201clos que no hacen nada nunca yerran\u201d; y es bien conocido el dicho de Cicer\u00f3n (106-43 a.C.): \u201chumano es errar; pero s\u00f3lo los est\u00fapidos perseveran en el error\u201d. Seg\u00fan John Churton Collins (1848-1908), \u201cla mitad de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos\u201d. \r\nS\u00e9 que nada de lo escrito te es ajeno. Hay personas a las que no les gusta recibir consejos (unos son sordos, otros son ciegos, algunos ambas cosas). En esta ocasi\u00f3n, se trata de reflexiones en alto, para una persona como t\u00fa, que es sensible al eco de los genios que nos han transmitido su sabidur\u00eda. Es bueno reconocer que gran parte de lo que somos y sabemos se lo debemos a quienes nos precedieron. La rueda de la historia no para de dar vueltas; la sabidur\u00eda de los tiempos es intemporal y nunca pasa de moda. La pena es que no hagamos caso a quienes nos aportan su experiencia, a quienes nos advierten que las vivencias de nuestro presente y, probablemente, las de nuestro futuro, ya fueron experimentadas por otros en otro tiempo, en cualquier tiempo, porque el hombre sigue golpe\u00e1ndose en la misma piedra desde que dej\u00f3 de andar a gatas, cada uno estrell\u00e1ndose a su manera. Yo s\u00f3lo quer\u00eda compartir contigo esas peque\u00f1as reflexiones que sacuden nuestra conciencia cuando nos ataca la crisis de la sensatez (o de la edad), cuando en la soledad de nuestros pensamientos dejamos de mirar hacia fuera, nos alejamos del escenario de las apariencias, y echamos una mirada al interior. En realidad, yo s\u00f3lo quer\u00eda decirte que, aunque como especie tengamos los mismos genes, los mismos derechos como seres humanos, incluso la misma profesi\u00f3n, no todos somos iguales. La diferencia est\u00e1 en ti mismo. 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