{"id":25087,"date":"2026-07-16T13:38:00","date_gmt":"2026-07-16T11:38:00","guid":{"rendered":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/el-contubernio-de-los-asesores\/"},"modified":"2026-07-16T13:38:00","modified_gmt":"2026-07-16T11:38:00","slug":"el-contubernio-de-los-asesores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/el-contubernio-de-los-asesores\/","title":{"rendered":"El Contubernio de los Asesores"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>N\u00famero 38 \u2013 16 julio 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay profesiones necesarias, profesiones dudosas y profesiones que prosperan precisamente porque nadie sabe con exactitud qu\u00e9 hacen. El asesor pertenece, con frecuencia alarmante, a esta \u00faltima familia. Su prestigio nace de una palabra amable: aconsejar. Su poder, de una pr\u00e1ctica menos amable: influir sin responder. Y su negocio, de una debilidad humana tan antigua como la civilizaci\u00f3n: la inseguridad del que decide, la ignorancia del que paga y la vanidad del que cree que, por tener a alguien al lado murmur\u00e1ndole al o\u00eddo, ya est\u00e1 mejor gobernado, mejor administrado o mejor protegido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asesor, en teor\u00eda, es un auxiliar del juicio. No decide, no manda, no sustituye al responsable. Aporta informaci\u00f3n, interpreta riesgos, ordena alternativas y ayuda a que quien tiene la carga de decidir lo haga con m\u00e1s lucidez. En el entorno familiar, el asesor puede ser el abogado que interviene en una herencia, el fiscalista que organiza un patrimonio, el gestor que evita un desastre administrativo, el m\u00e9dico de confianza que traduce el galimat\u00edas sanitario, el consultor educativo que orienta a unos padres desbordados o incluso el amigo con autoridad moral que aconseja prudencia donde otros exigen impulsos. En su versi\u00f3n noble, el asesor familiar protege a los vulnerables frente a la complejidad del mundo. En su versi\u00f3n parasitaria, detecta miedo, duelo, enfermedad, divorcio, vejez o analfabetismo financiero y convierte cada incertidumbre en una minuta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En pol\u00edtica, el asesor tiene una justificaci\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s clara y, por ello mismo, una excusa m\u00e1s peligrosa. Un ministro, un presidente, un alcalde o un secretario de Estado no pueden dominar por s\u00ed solos todas las materias que les competen. Necesitan informaci\u00f3n t\u00e9cnica, criterio pol\u00edtico, estrategia parlamentaria, comunicaci\u00f3n, gesti\u00f3n de agenda, coordinaci\u00f3n institucional y lectura social. El problema empieza cuando esa ayuda deja de ser complemento y se convierte en corte. Entonces el asesor ya no ilumina: filtra. No informa: intoxica. No ordena prioridades: fabrica relatos. No sirve al Estado: sirve al jefe. Y cuando sirve al jefe por encima de la instituci\u00f3n, deja de ser asesor y se convierte en cortesano con n\u00f3mina p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En econom\u00eda y empresa, el asesor adopta formas a\u00fan m\u00e1s abundantes: consultores estrat\u00e9gicos, financieros, fiscales, laborales, tecnol\u00f3gicos, reputacionales, regulatorios, inmobiliarios, comunicativos, de sostenibilidad, de cumplimiento, de fondos europeos, de internacionalizaci\u00f3n, de crisis y de todo aquello que pueda expresarse en ingl\u00e9s para encarecerse un 40%. Tambi\u00e9n aqu\u00ed hay asesores imprescindibles. Ser\u00eda absurdo negar el valor de un buen experto fiscal, de un buen auditor, de un buen analista de riesgos o de un consultor que realmente aporta conocimiento que la organizaci\u00f3n no tiene. Pero junto a ese asesor \u00fatil ha proliferado una fauna ornamental que vende diagn\u00f3sticos obvios, presentaciones con flechas, mapas de calor, matrices de colores, \u201c<em>roadmaps<\/em>\u201d y \u201c<em>frameworks<\/em>\u201d que impresionan al directivo inseguro y aburren al empleado competente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asesor leg\u00edtimo cumple cuatro funciones: aportar conocimiento especializado, reducir incertidumbre, advertir de riesgos y ampliar el campo de decisi\u00f3n del responsable. El asesor ileg\u00edtimo hace lo contrario: estrecha el campo, crea dependencia, exagera la complejidad, secuestra la informaci\u00f3n y convierte su permanencia en prueba de necesidad. El buen asesor desaparece cuando el cliente aprende. El mal asesor necesita que el cliente nunca aprenda del todo. Su negocio no es resolver, sino permanecer cerca del problema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abuso empieza por el lenguaje. La palabra \u201casesor\u201d funciona como una s\u00e1bana limpia sobre camas muy distintas. Bajo ella caben expertos brillantes, militantes recompensados, familiares discretamente recolocados, antiguos cargos que necesitan puente salarial, periodistas reciclados en propaganda, lobbistas de ida y vuelta, consultores que venden humo con factura y confidentes que no superan examen alguno salvo el de la lealtad. En el sector p\u00fablico se a\u00f1ade una perversi\u00f3n: muchas veces no se selecciona al mejor, sino al m\u00e1s pr\u00f3ximo. Y como la proximidad no se audita, la confianza se convierte en coartada universal. \u201cEs personal de confianza\u201d, se dice. Pero la confianza, cuando la paga el contribuyente, no puede ser una patente de corso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los datos internacionales muestran que el fen\u00f3meno existe en todas las democracias avanzadas, aunque con grados distintos de transparencia. En Estados Unidos, la Casa Blanca publica anualmente la relaci\u00f3n de personal y salarios. All\u00ed aparecen centenares de empleados del entorno presidencial, con asesores, asistentes especiales, directores de pol\u00edtica, comunicaci\u00f3n, personal, investigaci\u00f3n y enlace legislativo. Algunos salarios superan los 195.000 d\u00f3lares anuales y ciertos puestos de asesor\u00eda o equivalentes figuran por encima de los 200.000 d\u00f3lares. El problema estadounidense no es la inexistencia de informaci\u00f3n, sino la hipertrofia natural de una presidencia imperial donde todo asunto acaba generando oficina, portavoz, coordinador, adjunto y asesor senior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reino Unido ofrece un caso m\u00e1s ordenado. Los \u201c<em>special advisers<\/em>\u201d tienen estatuto reconocible: aportan dimensi\u00f3n pol\u00edtica all\u00ed donde los funcionarios permanentes no deben entrar. En marzo de 2025 hab\u00eda 130 asesores especiales en el Gobierno brit\u00e1nico, con un coste total anual de 16.7 millones de libras, incluyendo salarios, cotizaciones, pensiones e indemnizaciones. Sus bandas salariales iban aproximadamente desde 42.525 libras para asesores junior hasta 180.000 libras para puestos de liderazgo. La cifra puede parecer moderada en comparaci\u00f3n con el tama\u00f1o de la administraci\u00f3n brit\u00e1nica, pero revela un principio inc\u00f3modo: incluso las democracias administrativamente serias han aceptado que junto al funcionariado profesional debe existir una capa pol\u00edtica de interpretaci\u00f3n, impulso y propaganda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Francia institucionaliza el fen\u00f3meno a la francesa: con jerarqu\u00eda, decreto y gabinete. En 2024, los documentos presupuestarios franceses contabilizaban 482 miembros de gabinetes ministeriales y 2.210 efectivos en funciones de apoyo. Hay l\u00edmites formales al n\u00famero de miembros de gabinete seg\u00fan el tipo de ministro, aunque la maquinaria del poder franc\u00e9s siempre encuentra pasillos, excepciones y funciones auxiliares para multiplicar la \u00f3rbita del decisor. El asesor franc\u00e9s no es una anomal\u00eda: es parte del ecosistema de la alta administraci\u00f3n, donde la frontera entre t\u00e9cnica, pol\u00edtica, prestigio escolar y ambici\u00f3n personal resulta tan elegante como opaca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alemania presenta otra variante. Su administraci\u00f3n federal descansa en una burocracia potente y profesional, pero aun as\u00ed los gobiernos han recurrido de forma intensa a asesor\u00edas externas. Las cifras disponibles hablan menos de \u201casesores personales\u201d y m\u00e1s de contratos de consultor\u00eda, asistencia jur\u00eddica, apoyo estrat\u00e9gico y servicios externos. Se han publicado importes de cientos de millones de euros en determinados periodos, con cr\u00edticas precisamente porque una administraci\u00f3n con tantos funcionarios cualificados deber\u00eda justificar mejor por qu\u00e9 necesita comprar fuera lo que presume tener dentro. La pregunta alemana es demoledora para todos: si el Estado cuenta con expertos, \u00bfpor qu\u00e9 paga a otros expertos para decirle lo que sus expertos ya deber\u00edan saber?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Italia se mueve en el terreno de los \u201c<em>uffici di diretta collaborazione<\/em>\u201d, los gabinetes y las estructuras de apoyo a ministros, subsecretarios y presidencia del Consejo. Publica informaci\u00f3n sobre encargos y retribuciones en distintos portales, pero no siempre de forma f\u00e1cilmente comparable con otros pa\u00edses. Suecia, m\u00e1s austera en apariencia, reconoce secretarios de Estado, responsables de prensa y asesores pol\u00edticos en los ministerios. Jap\u00f3n, por su parte, lista de forma expl\u00edcita a los asesores especiales del primer ministro; en la informaci\u00f3n reciente aparecen cinco. Pero tampoco conviene enga\u00f1arse: que haya pocos \u201casesores especiales\u201d no significa que no exista asesoramiento pol\u00edtico, t\u00e9cnico o burocr\u00e1tico en otras capas del aparato estatal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Espa\u00f1a merece cap\u00edtulo propio, no por excepcionalidad absoluta, sino por su combinaci\u00f3n tan ib\u00e9rica de opacidad, resignaci\u00f3n y descaro. Aqu\u00ed el asesor puede llamarse personal eventual, jefe de gabinete, director de gabinete, vocal asesor, consejero t\u00e9cnico, coordinador, adjunto, personal de confianza, cargo de libre designaci\u00f3n o puesto singular\u00edsimo con nombre de laboratorio administrativo. La estad\u00edstica oficial del empleo p\u00fablico contabiliza personal al servicio de las administraciones, pero no ofrece una radiograf\u00eda \u00fanica, clara y nacional del \u201casesor\u201d en sentido pol\u00edtico-social. El portal de transparencia publica retribuciones de altos cargos; el bolet\u00edn estad\u00edstico ofrece datos generales del personal p\u00fablico; los portales auton\u00f3micos y locales publican, cuando publican, sus eventuales y cargos de confianza; y organizaciones de periodismo c\u00edvico han tenido que reconstruir, a base de solicitudes de informaci\u00f3n, fragmentos de una realidad que deber\u00eda estar disponible con un clic.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos datos conocidos apuntan a una inflaci\u00f3n preocupante. En gobiernos auton\u00f3micos se han documentado cientos de asesores, con Catalu\u00f1a en cabeza en algunos recuentos recientes. En la Administraci\u00f3n central, determinadas informaciones period\u00edsticas han situado el personal eventual ministerial cerca del millar, con fuertes concentraciones en el entorno de Presidencia. En ayuntamientos y diputaciones, la casu\u00edstica es todav\u00eda m\u00e1s amplia: ciudades grandes con decenas de asesores, municipios medianos que descubren repentinamente la necesidad de comunicaci\u00f3n estrat\u00e9gica, gabinetes que crecen tras pactos de gobierno y n\u00f3minas que se justifican con palabras tan el\u00e1sticas como coordinaci\u00f3n, protocolo, participaci\u00f3n o modernizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El salario es la parte m\u00e1s obscena del asunto cuando se separa de la competencia real. No porque todo asesor cobre demasiado, sino porque demasiados asesores cobran como si fueran imprescindibles sin que nadie pueda demostrarlo. En Espa\u00f1a, los sueldos del personal eventual var\u00edan enormemente seg\u00fan administraci\u00f3n, puesto y nivel. Hay asesores locales en torno a 35.000 o 45.000 euros brutos anuales, otros que superan 60.000 o 70.000, jefes de gabinete por encima de esas cifras y altos perfiles pol\u00edticos o t\u00e9cnicos que se acercan a retribuciones directivas. En el sector privado, el abanico es todav\u00eda m\u00e1s escandaloso: desde gestores razonables hasta consultores que facturan por hora lo que un trabajador gana en varios d\u00edas, sin asumir responsabilidad equivalente por el resultado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta moral no es si debe existir el asesoramiento. Debe existir. La pregunta es cu\u00e1ndo el asesoramiento deja de ser servicio y se transforma en extracci\u00f3n. Hay extracci\u00f3n cuando el cliente no entiende lo que compra. Hay extracci\u00f3n cuando la factura crece en proporci\u00f3n inversa a la claridad del trabajo. Hay extracci\u00f3n cuando el asesor crea dependencia psicol\u00f3gica, t\u00e9cnica o administrativa. Hay extracci\u00f3n cuando el pol\u00edtico usa al asesor para colocar leales. Hay extracci\u00f3n cuando el empresario usa al consultor para justificar decisiones que ya hab\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">tomado. Hay extracci\u00f3n cuando una familia vulnerable paga por tr\u00e1mites que podr\u00edan explicarse con honradez en media hora. Hay extracci\u00f3n, en suma, cuando el asesor convierte la ignorancia ajena en renta propia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ignorancia del cliente es el gran yacimiento de esta industria. El anciano que no entiende una cl\u00e1usula testamentaria, el peque\u00f1o empresario que teme a Hacienda, el paciente que no comprende un informe m\u00e9dico, el alcalde que no sabe comunicar, el ministro que no domina su cartera, el heredero que teme equivocarse, el directivo que no quiere asumir el coste de una decisi\u00f3n: todos ellos son clientes perfectos para el asesor depredador. No buscan necesariamente conocimiento; buscan alivio. Y el alivio se vende caro. El asesor sin escr\u00fapulos no elimina el miedo: lo administra. Lo dosifica. Lo mantiene vivo en peque\u00f1as c\u00e1psulas de dependencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En pol\u00edtica, el abuso tiene adem\u00e1s una dimensi\u00f3n democr\u00e1tica. El ciudadano vota a representantes, no a asesores. Sin embargo, muchas decisiones p\u00fablicas se preparan, deforman o bloquean en gabinetes que nadie ha elegido. El asesor pol\u00edtico redacta discursos, decide enfoques, selecciona datos, filtra llamadas, orienta nombramientos, prepara ataques, negocia mensajes y, a veces, gobierna sin aparecer. Si acierta, el m\u00e9rito es del cargo. Si fracasa, se evapora. Esa irresponsabilidad estructural convierte al asesor en una figura ideal para el poder contempor\u00e1neo: influyente, remunerado, protegido y sustituible, pero rara vez responsable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contubernio no consiste en que varias personas asesoren. Consiste en que se haya normalizado una alianza t\u00e1cita entre inseguridad, propaganda y dinero. El pol\u00edtico inseguro necesita una corte que le confirme su grandeza. El asesor ambicioso necesita un pol\u00edtico que le abra puertas. El partido necesita colocar cuadros. La administraci\u00f3n tolera excepciones. El contribuyente paga. Y al final todos hablan de modernizaci\u00f3n, profesionalizaci\u00f3n y complejidad, cuando muchas veces se trata simplemente de clientelismo con PowerPoint.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La defensa habitual es conocida: el mundo es complejo. Cierto. Pero precisamente porque el mundo es complejo necesitamos mejores instituciones, no m\u00e1s cortesanos. Necesitamos funcionarios independientes, cuerpos t\u00e9cnicos s\u00f3lidos, transparencia radical, evaluaciones de desempe\u00f1o y l\u00edmites claros. Si un asesor p\u00fablico es necesario, debe saberse qui\u00e9n es, qu\u00e9 formaci\u00f3n tiene, qu\u00e9 funci\u00f3n cumple, cu\u00e1nto cobra, qui\u00e9n lo nombr\u00f3, cu\u00e1nto tiempo permanece y qu\u00e9 incompatibilidades le afectan despu\u00e9s. Si no puede explicarse, quiz\u00e1 no deber\u00eda existir. Si su trabajo es tan delicado que no puede describirse, quiz\u00e1 no es asesoramiento, sino influencia opaca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n conviene distinguir al experto del intruso. El experto sabe algo verificable. Tiene trayectoria, m\u00e9todo, resultados, reputaci\u00f3n sometida a contraste. El intruso tiene acceso. El experto mejora la decisi\u00f3n del cliente. El intruso mejora su propia posici\u00f3n junto al cliente. El experto acepta l\u00edmites. El intruso los difumina. El experto documenta. El intruso susurra. El experto puede ser evaluado. El intruso se refugia en la confianza. Y cuando la confianza se paga con dinero p\u00fablico o con la angustia de un cliente vulnerable, deja de ser virtud privada para convertirse en problema p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No todo salario alto es abuso. Un gran especialista puede ahorrar millones a una administraci\u00f3n o salvar a una empresa de un desastre. Un buen abogado, un buen economista, un buen m\u00e9dico asesor, un buen ingeniero o un buen negociador pueden merecer retribuciones elevadas. Lo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">indecente no es pagar bien el talento; lo indecente es pagar como talento lo que solo es cercan\u00eda, obediencia o teatralidad. Una sociedad que paga mal al maestro, al m\u00e9dico joven, al investigador o al funcionario que sostiene ventanillas esenciales, pero remunera generosamente al asesor que maquilla decisiones, est\u00e1 confesando su enfermedad moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asesor familiar, cuando act\u00faa mal, explota la intimidad. El asesor pol\u00edtico, cuando act\u00faa mal, explota el presupuesto. El asesor econ\u00f3mico, cuando act\u00faa mal, explota la complejidad. Los tres comparten una misma t\u00e9cnica: presentarse como puente y convertirse en peaje. El cliente cree que compra orientaci\u00f3n, pero termina comprando permiso para no pensar. El asesor se vuelve int\u00e9rprete exclusivo de un mundo que \u00e9l mismo describe como inaccesible. Y cuanto m\u00e1s inaccesible parece el mundo, m\u00e1s necesaria parece su presencia. Es el viejo truco del cham\u00e1n: primero se oscurece el bosque, luego se cobra por guiar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La soluci\u00f3n no pasa por abolir el asesoramiento, sino por civilizarlo. En el sector p\u00fablico, todo asesor deber\u00eda estar sometido a publicidad activa completa, l\u00edmites num\u00e9ricos, justificaci\u00f3n funcional y evaluaci\u00f3n peri\u00f3dica. Las administraciones deber\u00edan publicar no solo nombres y salarios, sino organigramas comprensibles, curr\u00edculos, funciones concretas y cese autom\u00e1tico vinculado al cargo que justific\u00f3 el nombramiento. Deber\u00edan prohibirse puertas giratorias inmediatas hacia sectores regulados cuando el asesor haya intervenido en materias sensibles. Deber\u00eda limitarse la proliferaci\u00f3n de gabinetes paralelos que duplican funciones de funcionarios profesionales. Y deber\u00eda compararse el coste del asesoramiento externo con la capacidad interna existente antes de contratar fuera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el sector privado, el cliente deber\u00eda exigir tres cosas simples: claridad, responsabilidad y resultado. Qu\u00e9 va a hacer el asesor. Cu\u00e1nto va a costar. C\u00f3mo se medir\u00e1 si ha servido para algo. Todo lo dem\u00e1s es incienso corporativo. Las familias, en especial las vulnerables, necesitan educaci\u00f3n jur\u00eddica, financiera y sanitaria b\u00e1sica para no caer en manos de intermediarios que viven de traducir lo que las instituciones deber\u00edan explicar mejor. La mejor vacuna contra el asesor abusivo no es la desconfianza universal, sino la alfabetizaci\u00f3n del cliente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contubernio de los asesores prospera porque satisface varias cobard\u00edas a la vez. La cobard\u00eda del decisor, que prefiere compartir la culpa sin compartir el poder formal. La cobard\u00eda de la instituci\u00f3n, que tolera zonas grises para no incomodar al jefe. La cobard\u00eda del cliente, que delega criterio donde solo deber\u00eda pedir informaci\u00f3n. Y la codicia del asesor que, en lugar de emancipar al asesorado, lo domestica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay asesores honorables, por supuesto. Ser\u00eda injusto negarlo. Los hay discretos, competentes, mal pagados incluso, que salvan a sus clientes de errores graves y a sus instituciones de improvisaciones suicidas. Pero precisamente por respeto a ellos conviene denunciar a la otra especie: la del asesor como rentista de la confusi\u00f3n, como sacerdote del acceso, como comisionista de la ansiedad, como cortesano de n\u00f3mina inflada. Esa fauna no asesora: coloniza. No acompa\u00f1a: captura. No sirve: se sirve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La econom\u00eda moderna ha elevado la asesor\u00eda a sacramento. Nadie quiere decidir desnudo. Todos quieren un informe, una segunda opini\u00f3n, una consultor\u00eda, un gabinete, una estrategia, un relato. Y as\u00ed, entre la inseguridad de unos y la ambici\u00f3n de otros, ha nacido una industria que a veces ilumina, pero demasiadas veces parasita. El asesor deber\u00eda ser una l\u00e1mpara<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">provisional. Se ha convertido, en demasiados casos, en un inquilino permanente de la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso el debate no es menor ni anecd\u00f3tico. Hablar de asesores es hablar de poder, dinero, responsabilidad y vulnerabilidad. Es preguntar qui\u00e9n influye realmente en las decisiones. Qui\u00e9n cobra por ello. Qui\u00e9n responde cuando se equivoca. Qui\u00e9n se beneficia de que los dem\u00e1s no entiendan. Y qui\u00e9n ha convertido la complejidad del mundo en una finca privada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El buen asesor ayuda al cliente a necesitarlo menos. El mal asesor organiza su vida para que lo necesite siempre. Ah\u00ed est\u00e1 la frontera \u00e9tica. Todo lo dem\u00e1s \u2014gabinetes, bandas salariales, informes, organigramas, consultoras, cargos eventuales y t\u00edtulos pomposos\u2014 es decoraci\u00f3n administrativa. La pregunta final es brutalmente sencilla: despu\u00e9s de pagar al asesor, \u00bfsomos m\u00e1s libres, m\u00e1s competentes y m\u00e1s capaces de decidir, o solo somos m\u00e1s pobres y m\u00e1s dependientes? Si la respuesta es lo segundo, no estamos ante asesoramiento. Estamos ante vasallaje con factura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ram\u00f3n Cacabelos,<br>Catedr\u00e1tico de Medicina Gen\u00f3mica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>N\u00famero 38 \u2013 16 julio 2026 Hay profesiones necesarias, profesiones dudosas y profesiones que prosperan precisamente porque nadie sabe con exactitud qu\u00e9 hacen. El asesor pertenece, con frecuencia alarmante, a esta \u00faltima familia. 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