{"id":24922,"date":"2026-02-26T15:25:35","date_gmt":"2026-02-26T14:25:35","guid":{"rendered":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/?p=24922"},"modified":"2026-02-26T15:26:26","modified_gmt":"2026-02-26T14:26:26","slug":"el-triste-silencio-de-la-soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/el-triste-silencio-de-la-soledad\/","title":{"rendered":"El Triste Silencio de la Soledad"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; custom_padding_last_edited=\u00bbon|desktop\u00bb admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_color=\u00bb#141414&#8243; custom_padding_tablet=\u00bb50px|0|50px|0&#8243; custom_padding_phone=\u00bb50px|0|50px|0&#8243; transparent_background=\u00bboff\u00bb padding_mobile=\u00bboff\u00bb make_fullwidth=\u00bboff\u00bb use_custom_width=\u00bboff\u00bb width_unit=\u00bbon\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbrow\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb custom_padding=\u00bb||27px|1px||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb][et_pb_text admin_label=\u00bbTexto\u00bb _builder_version=\u00bb4.27.5&#8243; text_font=\u00bbLato Light||||\u00bb text_font_size=\u00bb16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb background_layout=\u00bbdark\u00bb custom_padding=\u00bb0px||0px|||\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<!-- \/divi:post-content --><!-- divi:heading --><\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><b>EL TRISTE SILENCIO DE LA SOLEDAD<\/b><\/h2>\n<p><b><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Hay silencios que descansan y silencios que duelen. El de una casa en calma puede ser paz; el de una casa en la que nadie llama, nadie entra y nadie espera, termina siendo otra cosa: una presencia fr\u00eda. La soledad de muchos ancianos no es una escena dram\u00e1tica, sino una rutina: el reloj que suena para nadie, el plato \u00fanico, la televisi\u00f3n encendida \u201cpara o\u00edr vida\u201d, la persiana que se sube porque es lo que se hac\u00eda cuando alguien iba a venir.<\/p>\n<p class=\"p1\">La paradoja es que la humanidad ha logrado vivir m\u00e1s a\u00f1os, pero no siempre ha aprendido a acompa\u00f1ar esos a\u00f1os. Esa brecha \u2014entre longevidad biol\u00f3gica y cuidado afectivo\u2014 es el lugar donde nace el \u201ctriste silencio\u201d.<\/p>\n<p class=\"p1\">Para hablar con rigor, conviene separar: (i) Vivir solo: condici\u00f3n residencial. (ii) Aislamiento social: pocas interacciones, red de apoyo d\u00e9bil. (iii) Soledad (<i>loneliness<\/i>): experiencia subjetiva: sentirse solo, incluso rodeado de gente.<\/p>\n<p class=\"p2\">La OMS estima que aproximadamente 1 de cada 6 personas en el mundo experimenta soledad, y subraya que en mayores el fen\u00f3meno es relevante y con impacto sanitario y social. Y aun as\u00ed, las cifras se quedan cortas: la soledad se oculta. Muchos mayores la tapan con frases de cortes\u00eda: \u201cEstoy bien, hijo, no te preocupes\u201d.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>La vejez moderna: m\u00e1s independencia, menos comunidad<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">La vejez contempor\u00e1nea tiene virtudes (autonom\u00eda, recursos, salud) pero tambi\u00e9n fragilidades: familias m\u00e1s peque\u00f1as, migraci\u00f3n laboral, ritmos sin pausa, ciudades que no invitan a conversar. La soledad no siempre nace del desprecio; a menudo nace de la prisa estructural.<\/p>\n<p class=\"p1\">En Europa, Eurostat muestra que vivir solo aumenta con la edad y que una proporci\u00f3n importante de personas de m\u00e1s de 65 a\u00f1os vive sin pareja; viven solas en el hogar, con marcada diferencia por sexo (m\u00e1s mujeres mayores viviendo solas).<\/p>\n<p class=\"p1\">En Espa\u00f1a, el INE refleja el peso de los hogares unipersonales y su v\u00ednculo con la edad, adem\u00e1s de proyecciones de crecimiento de poblaci\u00f3n viviendo sola.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>Hay una soledad especialmente amarga: la del padre o madre con hijos \u201cpresentes\u201d en teor\u00eda, pero ausentes en lo cotidiano. La visita existe, pero es breve y log\u00edstica: medicaci\u00f3n, recados, \u201c\u00bfhas comido?\u201d. El anciano agradece, sonr\u00ede, finge que basta. Y cuando la puerta se cierra, el silencio pesa m\u00e1s, porque ahora tiene memoria: la casa ha recordado c\u00f3mo suena la vida. Aqu\u00ed no sirve moralizar: muchas familias est\u00e1n sobrecargadas. Lo que s\u00ed es justo afirmar es esto: el afecto sin tiempo suele quedarse en intenci\u00f3n; y el anciano, al final, vive de realidades.<\/p>\n<p class=\"p1\">El final de la vida deber\u00eda ser un tiempo de dignidad, escucha y reconciliaci\u00f3n. Pero para demasiados mayores se convierte en una etapa de reducci\u00f3n: menos movilidad, menos amigos, menos calle, menos conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"p1\">Morir solo no significa \u00fanicamente morir sin gente cerca. Significa, muchas veces, morir sin sentir que alguien necesita tu voz; sin sentir que tu historia importa. El sufrimiento aqu\u00ed no es solo f\u00edsico: es existencial.<\/p>\n<p class=\"p1\">Las residencias cumplen una funci\u00f3n social imprescindible. Pero el riesgo es conocido: pueden ofrecer seguridad y protocolo, y aun as\u00ed no lograr lo m\u00e1s humano: v\u00ednculo.<\/p>\n<p class=\"p1\">La rutina ordena el d\u00eda (higiene, medicaci\u00f3n, comidas, actividades). Eso protege. Pero tambi\u00e9n puede despersonalizar: el anciano pasa de tener hogar a tener horario; de \u201cyo decido\u201d a \u201cahora toca\u201d.<\/p>\n<p class=\"p1\">Y aparece una soledad particular: la soledad \u201cacompa\u00f1ada\u201d por gente, pero sin intimidad biogr\u00e1fica. Nadie sabe del todo qui\u00e9n fuiste, qu\u00e9 te hizo re\u00edr, qu\u00e9 duelo nunca contaste.<\/p>\n<p class=\"p1\">La OMS y otras instituciones han enfatizado que la soledad y el aislamiento se asocian a peor salud, menor bienestar y cargas sociales amplias.<\/p>\n<p class=\"p2\">En EE. UU., el <i>Surgeon General<\/i> advirti\u00f3 que la desconexi\u00f3n social es un problema de salud p\u00fablica, por su v\u00ednculo con mortalidad y enfermedad, y por su alcance poblacional.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>No es una relaci\u00f3n simple de \u201ccausa \u00fanica\u201d, pero s\u00ed un patr\u00f3n robusto: la conexi\u00f3n social es protectora; su ausencia se asocia a m\u00e1s uso sanitario, peor salud mental y mayor vulnerabilidad.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>El coste socioecon\u00f3mico de la soledad<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">La soledad tiene un coste \u00edntimo (tristeza, ansiedad, p\u00e9rdida de sentido) y un coste colectivo: sistemas sanitarios m\u00e1s tensionados, m\u00e1s consumo de f\u00e1rmacos, m\u00e1s hospitalizaciones, m\u00e1s dependencia, m\u00e1s bajas laborales, menos productividad y menor participaci\u00f3n social.<\/p>\n<p class=\"p1\">La OMS lo resume sin ambig\u00fcedad: la soledad y el aislamiento cuestan miles de millones en productividad y atenci\u00f3n sanitaria, adem\u00e1s de debilitar cohesi\u00f3n y resiliencia comunitaria.<\/p>\n<p class=\"p1\">Los costes son de varios tipos: (i) Costes sanitarios directos: Consultas, urgencias, prescripciones, comorbilidad, hospitalizaciones. (ii) Costes indirectos (productividad y econom\u00eda): Absentismo, presentismo, salidas prematuras del mercado laboral de cuidadores, menor empleabilidad, menor rendimiento. (iii) Costes sociales y de cuidados: Dependencia, institucionalizaci\u00f3n, carga del cuidador, servicios sociales, vivienda adaptada. (iv) Costes intangibles: P\u00e9rdida de calidad de vida (QALYs), dolor emocional, inseguridad, deterioro del sentido de pertenencia.<\/p>\n<p class=\"p1\">La OMS se\u00f1ala que los costes econ\u00f3micos son significativos y que su cuantificaci\u00f3n completa a\u00fan est\u00e1 \u201cen construcci\u00f3n\u201d. Una revisi\u00f3n sistem\u00e1tica reciente (2025) sobre costes econ\u00f3micos encontr\u00f3 que los estudios disponibles (en varios pa\u00edses) reportan costes anuales relevantes atribuibles a soledad\/aislamiento, muchas veces por sanidad y productividad.<\/p>\n<p class=\"p1\">La OCDE recoge estimaciones para EE. UU. en torno a USD ~400.000 millones anuales. Adem\u00e1s, en entorno laboral, se han citado cifras muy altas asociadas a absentismo relacionado con soledad.<\/p>\n<p class=\"p1\">En Reino Unido, un informe ampliamente citado estim\u00f3 el coste de la soledad para empleadores en ~\u00a32.5 mil millones\/a\u00f1o. A escala OCDE\/Europa, hay esfuerzos crecientes por estimar coste social total, pero con m\u00e9todos heterog\u00e9neos. Un estudio sobre el coste social de la \u201csoledad no deseada\u201d estim\u00f3 para Espa\u00f1a ~14.129 millones de euros en 2021, equivalente a ~1.2% del PIB, con desglose entre p\u00e9rdidas de productividad y costes sanitarios, adem\u00e1s de p\u00e9rdidas en calidad de vida.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>Un informe divulgativo espec\u00edfico tambi\u00e9n resume una cifra de ~14.000 millones \u20ac\/a\u00f1o y desglosa costes sanitarios y de productividad.<\/p>\n<p class=\"p1\">Jap\u00f3n ha institucionalizado pol\u00edticas espec\u00edficas (encuestas nacionales y planes) para abordar soledad\/aislamiento. En cuanto a costes macroecon\u00f3micos agregados \u201ctipo PIB\u201d, la literatura es m\u00e1s dispersa y a menudo indirecta; la OCDE insiste en la necesidad de mejores mediciones comparables.<\/p>\n<p class=\"p1\">En China, India, Am\u00e9rica Latina y \u00c1frica hay evidencia creciente de prevalencia y de uso sanitario asociado al aislamiento\/soledad, pero menos estudios que traduzcan eso a una cifra anual nacional comparable (tipo \u201c% del PIB\u201d). La propia investigaci\u00f3n reciente insiste en inconsistencias y vac\u00edos de datos, especialmente fuera de pa\u00edses industrializados. En China hay evidencia de crecimiento acelerado de mayores viviendo solos y de presiones de cuidados; el impacto econ\u00f3mico se expresa m\u00e1s a trav\u00e9s del sistema de cuidados y gasto sanitario, que a\u00fan no siempre se atribuye formalmente a \u201csoledad\u201d en cuentas nacionales. En India, los reportes y revisiones se\u00f1alan falta de investigaci\u00f3n y necesidad de datos comparables; el coste aparece como carga familiar, p\u00e9rdida de ingresos de cuidadores y salud mental. En Am\u00e9rica Latina se subraya la escasez de estudios econ\u00f3micos espec\u00edficos y la necesidad de investigaci\u00f3n regional. En \u00c1frica ocurre algo similar; adem\u00e1s, la soledad puede mezclarse con pobreza, migraci\u00f3n y fragilidad de servicios, dificultando atribuci\u00f3n econ\u00f3mica directa.<\/p>\n<p class=\"p2\">El triste silencio de la soledad no es solo una emoci\u00f3n privada. Es un espejo: refleja qu\u00e9 tipo de sociedad somos cuando nadie mira. Los ancianos no piden juventud. Piden algo m\u00e1s humilde y m\u00e1s grande: no desaparecer antes de morir. Y quiz\u00e1 ah\u00ed est\u00e9 la medida \u00faltima de la dignidad colectiva: no en cu\u00e1nto producimos, sino en cu\u00e1nto acompa\u00f1amos.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Soledad y condici\u00f3n humana<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Hannah Arendt<\/b>, fil\u00f3sofa y polit\u00f3loga alemana-estadounidense (1906\u20131975) se\u00f1ala en <i>The Origins of Totalitarianism <\/i>(1951):<b> <\/b>\u201cLa soledad no es estar solo; es estar privado de compa\u00f1\u00eda humana.\u201d<b> <\/b>Arendt distingue con precisi\u00f3n quir\u00fargica entre aislamiento f\u00edsico y soledad existencial. Uno puede estar solo sin sentirse solo, y rodeado de gente sinti\u00e9ndose radicalmente abandonado. En la vejez, esta frase adquiere un dramatismo especial: el anciano puede estar atendido, alimentado y medicado, pero profundamente solo si nadie comparte con \u00e9l un v\u00ednculo humano significativo. La soledad no es ausencia de cuerpos, sino ausencia de relaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p2\">El poeta y ensayista mexicano,<b> Octavio Paz<\/b>, Premio Nobel de Literatura 1990, abord\u00f3 el problema en <i>El laberinto de la soledad <\/i>(1950): \u201cLa soledad es el fondo \u00faltimo de la condici\u00f3n humana.\u201d Paz habla de una soledad estructural, ontol\u00f3gica. Pero en la vejez esta soledad se vuelve visible, cotidiana, concreta. Ya no es una abstracci\u00f3n filos\u00f3fica: es la tarde que no termina, el tel\u00e9fono que no suena. El problema no es que el ser humano est\u00e9, en \u00faltimo t\u00e9rmino, solo; el problema es cuando la sociedad deja solo al que m\u00e1s necesita estar acompa\u00f1ado.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Vejez, tiempo y desposesi\u00f3n<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">La fil\u00f3sofa, escritora y feminista francesa<b> Simone de Beauvoir <\/b>(1908\u20131986), autora de<b> <\/b><i>La vieillesse <\/i>(<i>La vejez<\/i>)(1970), dice: \u201cLa vejez no es una degradaci\u00f3n natural, sino una injusticia social.\u201d Beauvoir rompe con la idea de que el sufrimiento del anciano es \u201cnormal\u201d o inevitable. Muchas de las miserias de la vejez \u2014soledad, pobreza, invisibilidad\u2014 no son biol\u00f3gicas, sino sociales. Su comentario es central para entender que la soledad de los mayores no es una fatalidad, sino una responsabilidad colectiva no asumida.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p2\">El fil\u00f3sofo del derecho y pensador pol\u00edtico italiano<b> Norberto Bobbio <\/b>(1909\u20132004), en <i>De senectute<\/i> (1997), define: \u201cLa vejez es el tiempo en que el mundo empieza a retirarse de nosotros.\u201d No dice que el anciano se retire del mundo; dice que el mundo se retira del anciano. Amigos que mueren, roles que desaparecen, conversaciones que ya no se solicitan. Esta retirada progresiva explica por qu\u00e9 la soledad no llega de golpe, sino como una marea lenta. El anciano no pierde inter\u00e9s por el mundo: es el mundo el que deja de interesarse por \u00e9l.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Familia, padres e hijos<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El escritor y fil\u00f3sofo franc\u00e9s<b> Albert Camus<\/b>, Premio Nobel de Literatura 1957, en su Discurso del Nobel es Estocolmo dec\u00eda:<b> <\/b>\u201cCada generaci\u00f3n se cree destinada a rehacer el mundo. La m\u00eda sabe, sin embargo, que no lo rehar\u00e1. Pero su tarea es impedir que el mundo se deshaga.\u201d<b> <\/b>Aplicada a la familia, esta frase recuerda que cuidar a los padres no es \u201crehacer el mundo\u201d, sino evitar que se deshaga el hilo humano que nos sostiene. Cuando los hijos se ausentan emocionalmente de la vida de sus padres ancianos, no fallan en la \u00e9pica, sino en lo esencial: preservar la continuidad del cuidado.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p2\">Por su parte, el fil\u00f3sofo y ensayista espa\u00f1ol<b> Jos\u00e9 Ortega y Gasset <\/b>(1883\u20131955), en<b> <\/b><i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> (1930), fue quien acu\u00f1\u00f3 la famosa frase: \u201cYo soy yo y mi circunstancia.\u201d La circunstancia del anciano moderno suele ser la soledad. Ignorarla es ignorar a la persona. El deterioro emocional de muchos mayores no puede entenderse sin su contexto: hijos lejos, pareja fallecida, p\u00e9rdida de funci\u00f3n social. Cuidar a un anciano exige cuidar tambi\u00e9n su circunstancia, no solo su cuerpo.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Residencias, cuidado y despersonalizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El fil\u00f3sofo y cr\u00edtico social austro-mexicano<b> Ivan Illich <\/b>(1926\u20132002) fue severamente cr\u00edtico con los modelos custodiales en<b> <\/b><i>N\u00e9mesis m\u00e9dica<\/i> (1976): \u201cLa institucionalizaci\u00f3n tiende a confundir el cuidado con la administraci\u00f3n.\u201d Illich denuncia un riesgo permanente: cuando el sistema se centra en protocolos, puede olvidar a la persona. En muchas residencias, el anciano est\u00e1 correctamente atendido, pero emocionalmente hu\u00e9rfano. El cuidado aut\u00e9ntico no es solo eficacia; es reconocimiento de la singularidad.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p2\">El psiquiatra y neur\u00f3logo austr\u00edaco<b> Viktor Frankl <\/b>(1905\u20131997), superviviente de Auschwitz y fundador de la logoterapia, aporta su testimonio en<b> <\/b><i>El hombre en busca de sentido<\/i> (1946): \u201cEl hombre puede soportar casi cualquier c\u00f3mo, si tiene un porqu\u00e9.\u201d En residencias y <i>nursing homes<\/i>, el gran riesgo no es la enfermedad, sino la p\u00e9rdida de sentido. Cuando el anciano deja de sentirse necesario, escuchado o esperado, el \u201cporqu\u00e9\u201d se diluye. Y sin sentido, la vida se vuelve mera supervivencia. La compa\u00f1\u00eda devuelve sentido.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Final de la vida y dignidad<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">La sanitaria brit\u00e1nica <b>Cicely Saunders <\/b>(1918\u20132005), fundadora del movimiento de cuidados paliativos modernos, en una Conferencias sobre cuidados paliativos en 1967, dec\u00eda: \u201cNo se trata solo de ayudar a morir en paz, sino de ayudar a vivir hasta el final.\u201d Esta frase es esencial para comprender la soledad al final de la vida. Vivir hasta el final implica presencia, conversaci\u00f3n, ternura. No basta con aliviar el dolor f\u00edsico; hay que aliviar el dolor de sentirse solo ante la despedida.<\/p>\n<p class=\"p2\">El cirujano <b>Atul Gawande<\/b>, profesor en Harvard y divulgador m\u00e9dico, escrib\u00eda en<b> <\/b><i>Being Mortal<\/i> (2014): \u201cLo que las personas quieren al final de la vida no es simplemente estar seguras, sino sentirse vivas.\u201d Sentirse vivo implica v\u00ednculo. Muchos ancianos mueren seguros, pero no acompa\u00f1ados; protegidos, pero no reconocidos. La soledad final no es solo una tragedia \u00edntima, es un fracaso del modelo de cuidado que prioriza el control sobre la relaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p class=\"p3\"><b>Soledad, sociedad y responsabilidad moral<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Zygmunt Bauman <\/b>(1925\u20132017), soci\u00f3logo y fil\u00f3sofo polaco-brit\u00e1nico, te\u00f3rico de la \u201cmodernidad l\u00edquida\u201d, apuntaba en <i>Modernidad l\u00edquida<\/i> (2000): \u201cLas relaciones humanas se han vuelto fr\u00e1giles, temporales y f\u00e1cilmente desechables.\u201d<b> <\/b>La soledad de los ancianos es una consecuencia directa de esta fragilidad relacional. En una sociedad que desecha lo que no es \u00fatil o productivo, el anciano corre el riesgo de convertirse en un \u201cresiduo afectivo\u201d. La soledad no es un accidente: es un s\u00edntoma cultural.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p1\">El fil\u00f3sofo franc\u00e9s de origen lituano<b> Emmanuel L\u00e9vinas <\/b>(1906\u20131995), da un toque de atenci\u00f3n en<b> <\/b><i>Totalidad e infinito<\/i> (1961): \u201cEl rostro del otro me reclama.\u201d El rostro del anciano \u2014arrugado, lento, vulnerable\u2014 nos interpela \u00e9ticamente. No pide caridad, pide responsabilidad. Mirar hacia otro lado es una forma de violencia silenciosa. La soledad comienza cuando dejamos de responder a esa llamada.<\/p>\n<p class=\"p4\">\n<p class=\"p1\">El escritor colombiano <b>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/b>, Premio Nobel de Literatura 1982, declaraba en una entrevista en 1985 que<b> <\/b>\u201cla vida no es la que uno vivi\u00f3, sino la que uno recuerda y c\u00f3mo la recuerda para contarla.\u201d Si nadie escucha, la vida no se termina de contar. Muchos ancianos mueren con historias intactas, sin testigos. La soledad es tambi\u00e9n eso: una biograf\u00eda sin oyentes. Acompa\u00f1ar es permitir que la vida, al menos, sea narrada hasta el final.<\/p>\n<p class=\"p1\">La soledad de los ancianos no es el silencio de sus casas, sino el silencio de una sociedad que pudo acompa\u00f1ar\u2026 y no lo hizo.<\/p>\n<p><!-- \/divi:paragraph --><\/p>\n<p class=\"p2\">\n<p class=\"p2\">\n<p class=\"p1\"><i style=\"font-size: 16px;\">Ram\u00f3n Cacabelos,<\/i><\/p>\n<p class=\"p6\"><i>Catedr\u00e1tico de Medicina Gen\u00f3mica<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><!-- divi:shortcode -->[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL TRISTE SILENCIO DE LA SOLEDAD Hay silencios que descansan y silencios que duelen. 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