{"id":24859,"date":"2026-01-15T10:50:11","date_gmt":"2026-01-15T09:50:11","guid":{"rendered":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/?p=24859"},"modified":"2026-01-16T11:01:18","modified_gmt":"2026-01-16T10:01:18","slug":"las-cibermentiras-de-los-internautas-cobardes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ramoncacabelos.org\/web\/las-cibermentiras-de-los-internautas-cobardes\/","title":{"rendered":"Las Cibermentiras de los Internautas Cobardes"},"content":{"rendered":"[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; custom_padding_last_edited=\u00bbon|desktop\u00bb admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_color=\u00bb#141414&#8243; custom_padding_tablet=\u00bb50px|0|50px|0&#8243; custom_padding_phone=\u00bb50px|0|50px|0&#8243; transparent_background=\u00bboff\u00bb padding_mobile=\u00bboff\u00bb make_fullwidth=\u00bboff\u00bb use_custom_width=\u00bboff\u00bb width_unit=\u00bbon\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbrow\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb][et_pb_text admin_label=\u00bbTexto\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; text_font=\u00bbLato Light||||\u00bb text_font_size=\u00bb16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb background_layout=\u00bbdark\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<p><!-- \/wp:post-content --><\/p>\n<p><!-- wp:heading --><\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>LAS CIBERMENTIRAS DE LOS INTERNAUTAS COBARDE<\/strong><\/h2>\n<p><!-- \/wp:heading --><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Hay un nuevo tipo de cobard\u00eda que no deja huellas f\u00edsicas ni exige mirar a los ojos de la v\u00edctima. Se ejerce desde una pantalla iluminada, en pijama, tras un alias anodino o una foto robada. Es la cobard\u00eda digital: la del internauta que miente, difama, manipula y agrede sin exponerse, protegido por el anonimato y por la impunidad que ofrece la multitud virtual.<\/p>\n<p class=\"p2\">Internet naci\u00f3 como una promesa de libertad, conocimiento compartido y democratizaci\u00f3n de la palabra. Y lo fue \u2014y a\u00fan lo es\u2014 en muchos sentidos. Pero tambi\u00e9n se ha convertido en un campo f\u00e9rtil para el abuso moral, la mentira organizada y la perversi\u00f3n del discurso p\u00fablico. En ese territorio sin fronteras, la verdad no siempre es la que mejor se argumenta, sino la que mejor se viraliza.<\/p>\n<p class=\"p2\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>La mentira como espect\u00e1culo<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Nunca fue tan f\u00e1cil mentir ni tan dif\u00edcil desmentir. La cibermentira no necesita pruebas: le basta con repetirse. En redes sociales, foros y plataformas de opini\u00f3n, una falsedad bien formulada puede recorrer el mundo en segundos, mientras la verdad \u2014compleja, matizada, a menudo inc\u00f3moda\u2014 avanza cojeando detr\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"p2\">La mentira digital tiene algo de espect\u00e1culo barato. Se adorna con indignaci\u00f3n moral, con emotividad impostada, con frases contundentes y sin contexto. No busca informar, sino provocar; no aspira a comprender, sino a destruir reputaciones, sembrar sospechas o alimentar prejuicios. El da\u00f1o colateral es irrelevante: personas, empresas, profesionales y proyectos quedan expuestos al linchamiento virtual sin derecho a defensa efectiva.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>M\u00e1s que una cuesta: un s\u00edntoma social<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El anonimato, leg\u00edtimo en contextos de protecci\u00f3n o denuncia real, se ha convertido en demasiadas ocasiones en una coartada para la vileza. Bajo seud\u00f3nimos intercambiables se insulta, se calumnia y se amenaza con una facilidad que rara vez se replicar\u00eda en la vida real.<\/p>\n<p class=\"p2\">El internauta cobarde no discute: descalifica. No argumenta: acusa. No contrasta: difunde. Su valent\u00eda termina donde empieza la responsabilidad. La ausencia de rostro y nombre diluye la conciencia moral; el otro deja de ser persona para convertirse en un objeto narrativo al que se puede moldear, deformar o destruir sin remordimiento.<b><\/b><\/p>\n<p class=\"p2\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Las rese\u00f1as: de herramienta ciudadana a arma arrojadiza<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s perversos del ecosistema digital es el uso fraudulento de las rese\u00f1as en plataformas como Google, TripAdvisor o similares. Nacieron como instrumentos \u00fatiles para orientar al consumidor y mejorar servicios. Hoy, con demasiada frecuencia, se utilizan como propaganda encubierta o como arma de desprestigio.<\/p>\n<p class=\"p1\">Rese\u00f1as falsas, coordinadas, escritas por personas que nunca fueron clientes, pacientes o usuarios, proliferan con impunidad. Se compran valoraciones positivas como se compran silencios, y se organizan campa\u00f1as de rese\u00f1as negativas para hundir reputaciones. Basta una docena de comentarios malintencionados para erosionar a\u00f1os de trabajo honesto.<\/p>\n<p class=\"p2\">El problema no es solo la mentira, sino la asimetr\u00eda: el afectado debe demostrar su inocencia frente a acusaciones an\u00f3nimas, mientras la plataforma se limita a ofrecer algoritmos opacos y formularios est\u00e9riles. La reputaci\u00f3n, en la era digital, es un castillo de arena expuesto al primer viento de mala fe.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>La manipulaci\u00f3n emocional y el populismo digital<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Las redes sociales han perfeccionado una forma nueva de populismo: el populismo emocional. No importa la veracidad del contenido, sino su capacidad para generar ira, miedo o adhesi\u00f3n tribal. La indignaci\u00f3n se ha convertido en moneda de cambio; la complejidad, en sospecha; la duda razonable, en traici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"p2\">Se manipulan titulares, se recortan frases, se sacan im\u00e1genes de contexto. Se construyen relatos maniqueos donde siempre hay un villano y un h\u00e9roe improvisado. En este teatro moral, la mentira no se corrige: se refuerza. Quien osa cuestionarla es acusado de complicidad, censura o intereses ocultos.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>La cobard\u00eda como rasgo cultural<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Uno de los efectos m\u00e1s inquietantes de las cibermentiras es el linchamiento virtual. Multitudes indignadas, convocadas por un tuit o un v\u00eddeo incompleto, dictan sentencia sin proceso ni prueba. No hay presunci\u00f3n de inocencia, solo urgencia emocional.<\/p>\n<p class=\"p2\">El da\u00f1o psicol\u00f3gico, profesional y social puede ser devastador. Y lo m\u00e1s grave: incluso cuando la mentira se demuestra, la rectificaci\u00f3n nunca alcanza la misma difusi\u00f3n que la acusaci\u00f3n inicial. En internet, la absoluci\u00f3n rara vez es viral.<\/p>\n<p class=\"p2\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Plataformas c\u00f3mplices por omisi\u00f3n<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">No puede ignorarse la responsabilidad de las grandes plataformas digitales. Su modelo de negocio premia la atenci\u00f3n, no la verdad. Los contenidos que generan conflicto y polarizaci\u00f3n retienen m\u00e1s tiempo al usuario, y por tanto, resultan m\u00e1s rentables.<\/p>\n<p class=\"p2\">La moderaci\u00f3n es tard\u00eda, insuficiente o puramente cosm\u00e9tica. Se invoca la libertad de expresi\u00f3n mientras se tolera la difamaci\u00f3n sistem\u00e1tica. Se presume neutralidad tecnol\u00f3gica cuando, en realidad, los algoritmos amplifican lo peor del comportamiento humano.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>El linchamiento virtual: justicia sin juez ni verdad<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El internauta cobarde no es un monstruo aislado; es un s\u00edntoma. Refleja una cultura que ha confundido opini\u00f3n con conocimiento, libertad con impunidad, cr\u00edtica con demolici\u00f3n. Una cultura que ha rebajado el coste moral de la mentira y ha elevado el aplauso f\u00e1cil por encima del pensamiento riguroso.<\/p>\n<p class=\"p2\">Decir la verdad exige valor, especialmente cuando no conviene al propio grupo. Mentir desde el anonimato, en cambio, es barato y c\u00f3modo. La tecnolog\u00eda no ha creado esta cobard\u00eda, pero la ha amplificado y normalizado.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Recuperar la \u00e9tica del discurso<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">No se trata de censurar internet ni de a\u00f1orar un pasado idealizado. Se trata de recuperar una \u00e9tica b\u00e1sica del discurso p\u00fablico: verificar antes de difundir, argumentar antes de acusar, asumir responsabilidad por las propias palabras.<\/p>\n<p class=\"p2\">La cr\u00edtica es necesaria; la denuncia, imprescindible; la opini\u00f3n, leg\u00edtima. Pero la mentira deliberada, la difamaci\u00f3n an\u00f3nima y la manipulaci\u00f3n emocional no son libertad de expresi\u00f3n: son abuso.<\/p>\n<p class=\"p3\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Buscadores de coherencia<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\"><b>George Orwell <\/b>(1903\u20131950), escritor y periodista brit\u00e1nico, referente moral del pensamiento cr\u00edtico del siglo XX, en sus ensayos y art\u00edculos pol\u00edticos de 1940-1945, repet\u00eda: \u201cEn tiempos de enga\u00f1o universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario\u201d. Orwell anticip\u00f3 con lucidez el clima moral que hoy domina el ecosistema digital. Cuando la mentira se convierte en norma \u2014no como error, sino como estrategia\u2014 la verdad deja de ser un valor compartido y pasa a ser una amenaza. En las redes sociales, decir la verdad no solo incomoda: expone, a\u00edsla y castiga. Por eso la cibermentira prospera: porque mentir es socialmente rentable y decir la verdad exige coraje, rigor y, a menudo, soledad.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Hannah Arendt <\/b>(1906\u20131975), fil\u00f3sofa y te\u00f3rica pol\u00edtica, referente en \u00e9tica y totalitarismo, se\u00f1alaba en <i>Truth and Politics<\/i> (1967): \u201cLa mentira organizada siempre ha jugado un papel central en la pol\u00edtica, pero lo nuevo es su extensi\u00f3n masiva y su desprecio absoluto por la realidad\u201d. Arendt no hablaba de internet, pero lo describi\u00f3 con precisi\u00f3n quir\u00fargica. La novedad no es la mentira, sino su industrializaci\u00f3n emocional y su difusi\u00f3n sin fricci\u00f3n. En las redes, la mentira ya no necesita ser veros\u00edmil: solo necesita ser compartible. La realidad deja de ser un l\u00edmite; se convierte en un estorbo. Este desprecio por los hechos es la base del populismo digital y del linchamiento virtual.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Umberto Eco <\/b>(1932\u20132016), semi\u00f3logo, escritor y fil\u00f3sofo, Premio Pr\u00edncipe de Asturias de Comunicaci\u00f3n y Humanidades, en declaraciones a <i>La Stampa<\/i> en 2015, dec\u00eda: \u201cLas redes sociales han dado derecho de palabra a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar, despu\u00e9s de un vaso de vino, sin da\u00f1ar a la comunidad\u201d. Eco no atacaba la libertad de expresi\u00f3n, sino la ausencia de filtros cognitivos y \u00e9ticos. Internet ha eliminado el pudor intelectual: hoy opinar sin saber es celebrado como autenticidad. El problema no es que todos hablen, sino que todas las voces se presenten como equivalentes, independientemente de su honestidad, conocimiento o intenci\u00f3n. La cibermentira se disfraza as\u00ed de \u201copini\u00f3n respetable\u201d.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Aleksandr Solzhenitsyn <\/b>(1918\u20132008), escritor e historiador ruso, y Premio Nobel de Literatura, en sus discursos y ensayos morales de 1974, afirmaba: \u201cLa mentira puede cubrirlo todo, pero no por mucho tiempo\u201d. Solzhenitsyn conoc\u00eda bien el poder corrosivo de la mentira sistem\u00e1tica. En el entorno digital, sin embargo, la mentira se renueva constantemente, como una hidra. Cuando una falsedad cae, otra ocupa su lugar. El da\u00f1o ya est\u00e1 hecho. La frase recuerda que la mentira no es invencible, pero s\u00ed acumulativa: deja restos, sospechas y cicatrices incluso cuando se desmiente.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Albert Camus <\/b>(1913\u20131960), escritor y fil\u00f3sofo, y Premio Nobel de Literatura, en<b> <\/b><i>Cuadernos<\/i> (1951), profer\u00eda: \u201cUn hombre sin \u00e9tica es una bestia salvaje soltada en este mundo\u201d. El internauta cobarde encarna esta advertencia. No porque sea violento f\u00edsicamente, sino porque act\u00faa sin freno moral. La pantalla disuelve la responsabilidad \u00e9tica y permite una regresi\u00f3n primitiva: insultar, difamar, humillar. La tecnolog\u00eda amplifica lo que somos; si falta \u00e9tica, el resultado no es progreso, sino barbarie digital.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Immanuel Kant <\/b>(1724\u20131804), fil\u00f3sofo y pilar de la \u00e9tica moderna, en <i>Sobre un presunto derecho a mentir por filantrop\u00eda<\/i> (1797), advert\u00eda que \u201cla mentira destruye la dignidad humana\u201d. Para Kant, mentir no es solo enga\u00f1ar al otro, sino degradarse a uno mismo. En internet, donde la mentira parece inofensiva y an\u00f3nima, esta idea resulta inc\u00f3moda. Cada rese\u00f1a falsa, cada acusaci\u00f3n sin pruebas, cada manipulaci\u00f3n consciente erosiona la dignidad colectiva. No es un da\u00f1o abstracto: es una quiebra moral cotidiana.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>V\u00e1clav Havel <\/b>(1936\u20132011), escritor, expresidente de la Rep\u00fablica Checa y s\u00edmbolo de la disidencia \u00e9tica, en su obra<b> <\/b><i>El poder de los sin poder<\/i> (1978), defend\u00eda que \u201cvivir en la verdad es un acto pol\u00edtico\u201d. En la era digital, vivir en la verdad significa resistir la presi\u00f3n del grupo, del algoritmo y de la indignaci\u00f3n f\u00e1cil. Implica no compartir lo que confirma nuestros prejuicios sin verificarlo. Havel nos recuerda que la verdad no es neutral: exige una posici\u00f3n moral activa frente a la mentira organizada y la cobard\u00eda colectiva.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Friedrich Nietzsche <\/b>(1844\u20131900), fil\u00f3sofo y cr\u00edtico radical de la moral y la hipocres\u00eda social, afirmaba en<b> <\/b><i>Humano, demasiado humano<\/i> (1878) que \u201clas convicciones son enemigas m\u00e1s peligrosas de la verdad que las mentiras\u201d. Esta frase explica la ferocidad de las redes sociales. El internauta no miente siempre por inter\u00e9s, sino por convicci\u00f3n emocional. Cree tener raz\u00f3n, y esa certeza le autoriza a destruir al otro. La convicci\u00f3n ideol\u00f3gica \u2014cuando no admite matices\u2014 es el combustible del linchamiento digital y del fanatismo virtual.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Karl Popper <\/b>(1902\u20131994), fil\u00f3sofo de la ciencia y defensor de la sociedad abierta, en su obra de 1945,<b> <\/b><i>La sociedad abierta y sus enemigos,<\/i> propon\u00eda ciertos l\u00edmites a la tolerancia: \u201cLa tolerancia ilimitada conduce a la desaparici\u00f3n de la tolerancia\u201d. Aplicada al mundo digital, esta idea es crucial. Tolerar la mentira sistem\u00e1tica, la difamaci\u00f3n an\u00f3nima y la manipulaci\u00f3n no es pluralismo: es suicidio moral. Una sociedad que no pone l\u00edmites \u00e9ticos al abuso del discurso acaba siendo reh\u00e9n de los m\u00e1s ruidosos, no de los m\u00e1s justos.<\/p>\n<p class=\"p4\"><\/p>\n<p class=\"p2\"><b>George Steiner <\/b>(1929\u20132020), cr\u00edtico literario y fil\u00f3sofo, Premio Pr\u00edncipe de Asturias de Comunicaci\u00f3n y Humanidades, en sus Ensayos sobre lenguaje y cultura de 1970, daba un toque moral a los abusos verbales: \u201cCuando las palabras se degradan, tambi\u00e9n lo hace el mundo\u201d. Las redes sociales han degradado el lenguaje: simplificaci\u00f3n extrema, insulto, caricatura. Y con ello han degradado la convivencia. La cibermentira no es solo una falsedad factual; es una corrupci\u00f3n del lenguaje, que deja de servir para comprender y pasa a servir para herir.<\/p>\n<p class=\"p2\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Cuando la verdad calla, la mentira grita<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Hay una paradoja inquietante en nuestro tiempo: nunca se habl\u00f3 tanto y nunca se dijo tan poco con sentido. Las palabras circulan a una velocidad vertiginosa, pero su valor se ha devaluado. Como advirti\u00f3 <b>George Steiner<\/b>, cuando el lenguaje se degrada, el mundo lo sigue. En el espacio digital, esa degradaci\u00f3n no es un accidente: es el precio de una conversaci\u00f3n sin \u00e9tica, sin rostro y sin responsabilidad.<\/p>\n<p class=\"p1\">Vivimos \u2014dir\u00eda <b>Orwell<\/b>\u2014 en una \u00e9poca de enga\u00f1o casi universal, donde decir la verdad se ha convertido en un gesto subversivo. No porque la verdad haya desaparecido, sino porque incomoda. La mentira, en cambio, se ha vuelto c\u00f3moda, repetible, compartible. No exige pruebas ni coraje; solo un clic. Y as\u00ed, protegidos por el anonimato, los internautas cobardes han aprendido a confundir opini\u00f3n con veredicto y convicci\u00f3n con derecho a destruir.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Hannah Arendt<\/b> nos record\u00f3 que el verdadero peligro no es la mentira aislada, sino su organizaci\u00f3n, su desprecio sistem\u00e1tico por la realidad. Internet ha perfeccionado esa maquinaria: la indignaci\u00f3n sustituye al pensamiento, la viralidad reemplaza al juicio, la emoci\u00f3n desplaza a la verdad. En este clima, la mentira no se corrige; se refuerza. Se convierte en identidad, en tribu, en causa.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Umberto Eco<\/b> lo dijo con brutal honestidad: se ha concedido el mismo altavoz al sabio y al necio, al honesto y al manipulador. No porque todos tengan algo valioso que decir, sino porque el sistema premia el ruido. Y donde reina el ruido, la \u00e9tica se vuelve un estorbo. <b>Kant <\/b>lo advirti\u00f3 siglos antes: la mentira no solo enga\u00f1a al otro, destruye la dignidad humana. Hoy esa destrucci\u00f3n ocurre a diario, normalizada, banalizada, a menudo celebrada.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Nietzsche<\/b> comprendi\u00f3 mejor que nadie el peligro de las convicciones ciegas. En las redes, no se miente solo por inter\u00e9s, sino por certeza emocional. Se cree, y por creer, se condena. As\u00ed nacen los linchamientos virtuales: justicias sin juez, verdades sin hechos, sentencias sin conciencia. <b>Solzhenitsyn<\/b> sab\u00eda que la mentira no puede sostenerse eternamente, pero tambi\u00e9n sab\u00eda que deja ruinas incluso cuando cae.<\/p>\n<p class=\"p1\">Frente a este paisaje moral erosionado, la propuesta de <b>V\u00e1clav Havel<\/b> resuena como una exigencia inc\u00f3moda: vivir en la verdad. No como consigna heroica, sino como disciplina cotidiana. Verificar antes de compartir. Dudar antes de acusar. Callar antes de difamar. Porque, como record\u00f3 <b>Karl Popper<\/b>, la tolerancia sin l\u00edmites hacia la mentira termina por destruir la convivencia misma.<\/p>\n<p class=\"p1\">Internet no es el problema. El problema es lo que hemos decidido tolerar en \u00e9l. Cada rese\u00f1a falsa, cada difamaci\u00f3n an\u00f3nima, cada manipulaci\u00f3n emocional contribuye a un ecosistema donde la verdad habla en voz baja y la mentira grita. La cobard\u00eda digital no necesita armas: le basta con el silencio de los que saben y no responden.<\/p>\n<p class=\"p1\">Tal vez el verdadero acto revolucionario de nuestro tiempo no sea hablar m\u00e1s, sino hablar mejor. No gritar, sino sostener la palabra. No destruir, sino discernir. Porque cuando la verdad calla, la mentira ocupa su lugar. Y una sociedad que se acostumbra a vivir entre mentiras termina por desconfiar incluso de s\u00ed misma.<\/p>\n<p class=\"p2\">Ese es el precio \u2014alto, silencioso y corrosivo\u2014 de permitir que los cobardes gobiernen el lenguaje.<\/p>\n<p class=\"p2\"><\/p>\n<p class=\"p3\"><b><strong>Ep\u00edlogo: el espejo digital<\/strong><\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Internet es un espejo inc\u00f3modo. Amplifica lo mejor y lo peor de nosotros. Cada mentira compartida, cada rese\u00f1a falsa, cada ataque an\u00f3nimo contribuye a degradar el espacio com\u00fan que todos habitamos. El internauta cobarde no desaparece al apagar la pantalla: sigue ah\u00ed, erosionando la confianza social, debilitando la convivencia y banalizando el da\u00f1o.<\/p>\n<p class=\"p1\">Quiz\u00e1 la pregunta no sea solo qu\u00e9 hacen \u201clos otros\u201d en la red, sino qu\u00e9 estamos dispuestos a tolerar como norma. Porque una sociedad que normaliza la cibermentira termina por desconfiar incluso de la verdad. Y cuando la verdad pierde valor, lo que queda no es libertad, sino ruido.<\/p>\n<p><!-- wp:paragraph --><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><!-- \/wp:paragraph --><\/p>\n<p><!-- wp:shortcode --><\/p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LAS CIBERMENTIRAS DE LOS INTERNAUTAS COBARDE &nbsp; Hay un nuevo tipo de cobard\u00eda que no deja huellas f\u00edsicas ni exige mirar a los ojos de la v\u00edctima. Se ejerce desde una pantalla iluminada, en pijama, tras un alias anodino o una foto robada. 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