FURTIVISMO LABORAL
La ejemplaridad en el trabajo -igual que en la familia y en sociedad- refleja el talante moral, la educación, el civismo y la profesionalidad de las personas. Vivimos del trabajo; dependemos del trabajo, que nos permite mantener a la familia, progresar profesionalmente y preservar la estabilidad y la seguridad personal y familiar. En este contexto, cada entorno laboral es un pequeño micromundo en el que la conducta de cada persona contribuye a mejorar o deteriorar la vida del resto. La conducta en el trabajo desnuda a cada cual y expone sus virtudes o vicios. El día a día en el trabajo define lo que cada persona es; lo que cada persona vale; lo que se lleva dentro y se pone a disposición del medio que nos ayuda a sobrellevar la carga de la existencia. Aunque la experiencia dicta que no conviene mezclar lo privado y lo laboral, la praxis cotidiana demuestra que lo uno afecta a lo otro, y quien no es feliz en el trabajo -donde uno pasa, como mínimo, un 40% de su vida- difícilmente lo va a ser fuera de su entorno laboral; y quien no es coherente consigo mismo en lo privado, es imposible que sea de otro modo en el trabajo. Para los amargados, el trabajo es la gran excusa para escupir mierda a diario, culpabilizando a otros de sus miserias; para el equilibrado, el moralmente sano, el trabajo es un escenario magnífico para contribuir al bien común.
El furtivismo laboral hace referencia a aquellas prácticas de comportamiento en el entorno de trabajo que, aunque no siempre son inmediatamente evidentes, son perjudiciales tanto para la organización como para los compañeros de trabajo. Se trata de actitudes o conductas que se realizan de manera encubierta o disimulada, buscando obtener beneficios personales -o dañar a otros- sin que se perciba una actuación directa o ética en el entorno profesional. Esto puede incluir el uso inapropiado de recursos de la empresa, la manipulación de datos para obtener ventajas personales, el crear conflictos innecesarios o simplemente el evadir responsabilidades sin que se detecten inmediatamente.
El furtivismo laboral se manifiesta cuando el empleado actúa de forma irresponsable o deshonesta, aprovechándose de su puesto o de su entorno laboral para obtener ganancias o beneficios personales, sin que estos sean reconocidos o gestionados adecuadamente por la organización.
Las conductas aberrantes dentro de un entorno laboral pueden dañar gravemente la eficacia, productividad y el buen ambiente en el lugar de trabajo. Estas conductas no solo afectan el rendimiento individual, sino que tienen repercusiones a nivel colectivo, alterando el funcionamiento y los valores organizacionales. Estas conductas son diversas y complejas.
La falta de responsabilidad implica el no asumir las propias obligaciones o culpar a otros por errores o fallos, lo cual puede generar un ambiente de desconfianza. La evasión de responsabilidades, tanto en tareas diarias como en proyectos importantes, puede llevar a que los otros miembros del equipo carguen con la mayor parte de la carga de trabajo.
El acoso laboral o bullying refleja comportamientos hostiles o agresivos hacia un compañero de trabajo, que pueden ser tanto verbales como físicos, con efectos devastadores para el clima laboral. El acoso puede causar estrés, baja moral y rotación elevada de personal, afectando la cohesión del grupo.
La deshonestidad tiene muchas caras y formas de expresión: La manipulación de información, el robo de tiempo o recursos de la empresa, o el falseo de resultados o informes no solo son ilegales, sino que deterioran la confianza y la ética dentro de la organización.
La desmotivación y el desinterés son armas psicológicas anti-laborales. La actitud pasiva o la falta de iniciativa por parte de un trabajador genera una cadena de desinterés y desmotivación en los compañeros. Esto contribuye a una baja productividad y a la falta de innovación, dos elementos claves en el desarrollo y competitividad de la organización.
La procrastinación excesiva es una conducta que refleja tanto carencia de profesionalidad como ineficacia o mala intención. El dejar constantemente las tareas para después, por temor o falta de interés, lleva a la acumulación de trabajo y a la falta de cumplimiento de plazos, lo cual afecta tanto la eficiencia personal como la colectiva.
La falta de comunicación y colaboración destruye al grupo y es fuente permanente de conflicto. La falta de comunicación clara o el no compartir información vital puede llevar a malentendidos y errores que impactan negativamente en la productividad y eficacia del equipo.
El nepotismo y los favoritismos son conductas que descomponen la armonía del grupo, cultivan la desigualdad y desenmascaran las grietas morales de quienes las practican. La asignación de recursos, tareas o ascensos basados en relaciones personales en lugar de méritos es una conducta que puede crear un ambiente tóxico. Esto genera descontento, desconfianza y afecta la moral del equipo.
El compromiso insuficiente con los objetivos de la empresa descalifica e imposibilita cualquier liderazgo dentro del grupo. Los empleados que no comparten la visión y misión de la empresa o que no se sienten identificados con los objetivos organizacionales suelen ser menos productivos y su falta de compromiso puede extenderse a sus compañeros.
Estas conductas pueden generar una serie de efectos negativos en la organización, como baja productividad, rotación elevada de personal, pérdida de talento, conflictos internos y deterioro del ambiente laboral. La disminución del rendimiento personal y colectivo afecta directamente a los objetivos organizacionales, lo que se traduce en una menor competitividad en el mercado. Un ambiente de trabajo tóxico o desmotivado puede llevar a los empleados a buscar otros lugares de trabajo, lo cual aumenta los costos de rotación y afecta la estabilidad de la empresa. La falta de motivación o de oportunidades de crecimiento profesional puede hacer que los empleados más capacitados busquen nuevas oportunidades, reduciendo la calidad del equipo de trabajo. La desconfianza, los malos entendidos y los favoritismos generan conflictos dentro de los equipos de trabajo, lo que reduce la colaboración y cooperación entre los miembros del equipo. Un ambiente negativo afecta la moral de los trabajadores, genera estrés y disminuye el bienestar de los empleados, lo que a largo plazo puede tener repercusiones en la salud laboral.
Las estadísticas sobre furtivismo laboral en diferentes países son alarmantes. En Estados Unidos se estima que hasta el 75% de los empleados han admitido haber robado algo de su lugar de trabajo en algún momento. El robo por parte de empleados cuesta a las empresas estadounidenses hasta $50 mil millones anuales. En el Reino Unido, entre 2019 y octubre de 2021, se reportaron casi 19.000 incidentes de robo por parte de empleados, lo que equivale a aproximadamente 19 incidentes diarios. Aunque esta cifra muestra una disminución del 35% entre 2019 y 2020, sigue siendo significativa. Un estudio sistemático en Italia reveló que la prevalencia del acoso laboral (bullying) en empresas italianas es del 6.7%, y puede aumentar al 17.0% en entornos laborales del sector salud. Según una encuesta de Eurofound, el 13.7% de los trabajadores en Francia reportaron haber experimentado violencia laboral en los últimos 12 meses. Aunque no se dispone de datos específicos
sobre furtivismo laboral, Suecia ha sido pionera en la implementación de políticas para prevenir el acoso laboral, lo que refleja una conciencia y acción proactiva en el entorno laboral sueco. En el contexto español, el acoso laboral es un tema reconocido, y se han implementado leyes para prevenirlo. Aunque las estadísticas en España son poco fiables, se estima que cerca del 80% de los trabajadores españoles incurren en alguna forma de furtivismo laboral, desde robos, irresponsabilidades graves, incumplimiento de funciones, conductas hostiles, difamación y calumnias sobre compañeros, y fraude en bajas laborales injustificadas. La cosa es mucho más asombrosa, si consideramos que en el círculo de ejecutivos y altos directivos más de un 60% se han metido en el fango.
La prevalencia del furtivismo laboral puede estar influenciada por factores culturales, legales y organizacionales. En países con políticas laborales estrictas y una cultura organizacional ética, es posible que las tasas de furtivismo laboral sean más bajas. Por el contrario, en entornos donde la supervisión es limitada o las políticas son laxas, estas conductas pueden ser más prevalentes.
Para abordar el furtivismo laboral, es fundamental que las organizaciones implementen políticas claras de ética y conducta, establezcan mecanismos de supervisión efectivos y fomenten una cultura organizacional basada en la transparencia y la responsabilidad.
La laxitud ética, la hostilidad sindical, la anticuada confrontación entre el proletariado y el capital, y las frustraciones y debilidades personales de los que en vez de mirarse a sí mismos solo saben buscar culpables fuera, han convertido el furtivismo laboral en un serio problema al que no es ajena ninguna empresa.
Un anónimo apuntaba en algún lugar que “el robo en el trabajo es una traición, no solo al empleador, sino a todos los compañeros que confían en ti”. John C. Maxwell, en The 5 Levels of Leadership (2010), declara: “La deshonestidad laboral es como una plaga invisible que puede infectar todo un equipo si no se erradica”. Patrick Lencioni enfatiza sobre la aberración del hurto material y moral en The Five Dysfunctions of a Team (2002): «El furtivismo en el trabajo no solo roba recursos; roba la confianza, que es el capital más importante en cualquier organización”. El distinguido Peter Drucker añade en The Effective Executive (2005): «Cuando un empleado roba tiempo o recursos, está contaminando la cultura de la empresa más que cualquier otra forma de malversación.» Adam Grant propone soluciones en Give and Take (2013): “El respeto mutuo y la transparencia en el trabajo son las armas más poderosas contra las conductas inapropiadas en la oficina”. En el Berkshire Hathaway Annual Shareholder Meeting de 2009, Warren Buffet afirmaba que “las pequeñas mentiras laborales y el furtivismo son los primeros pasos hacia un ambiente tóxico, que tarde o temprano acabará destruyendo toda la organización.» Richard Branson, en The Virgin Way (2015), hace una llamada a la unidad y a la honestidad: “Un ambiente laboral saludable exige que todos trabajen en la misma dirección; cualquier deshonestidad puede desmantelar el esfuerzo colectivo”. La agudeza intelectual del octogenario canadiense Brian Tracy, brillante orador y experto en psicología motivacional, le permite tocar fibra sensible en Eat That Frog! (2014): “La ética en el trabajo no se mide solo por lo que haces en tu escritorio, sino por cómo manejas lo que haces cuando nadie te observa”.
Ramón Cacabelos,
Catedrático de Medicina Genómica