Demencia Frontotemporal: Versión moderna del Mal de Pick

Nº16 – 9 Febrero 2026

La Demencia frontotemporal (DFT) —también conocida como Degeneración Lobar FrontoTemporal (DLFT) o frontotemporal dementia (FTD)— constituye un grupo heterogéneo de enfermedades neurodegenerativas que afectan de modo preferente los lóbulos frontal y/o temporal del cerebro. Aunque es menos frecuente que la enfermedad de Alzheimer, es una de las causas más importantes de demencia de inicio precoz, típicamente entre los 45 y 65 años

Epidemiología y presentación clínica

  • Incidencia/Prevalencia: Se estima que la DFT representa aproximadamente el 10% de los casos de demencia en edades medias (45-65 años).
  • Edad de inicio: Generalmente aparece en la 5.ª o 6.ª década de vida, aunque pueden existir casos más tempranos o tardíos.
  • Presentación clínica:
    • Variante comportamental (bvFTD): cambios en personalidad, desinhibición, apatía, pérdida de empatía, compulsividad.
    • Variantes lingüísticas: afasia progresiva no fluente (nfvPPA) y demencia semántica (svPPA) con deterioro del lenguaje y/o de la semántica.
    • Otros subtipos con manifestaciones mixtas o motrices.
  • Curso evolutivo: El deterioro progresa con pérdida de autonomía, mayor carga para los cuidadores y suele llevar a fallecimiento en un lapso de 5-10 años tras el diagnóstico, aunque varía ampliamente.

Patología y mecanismos neurobiológicos

La DFT es patológicamente heterogénea, y sus mecanismos subyacentes implican degeneración neuronal, gliosis, y acumulación de proteínas anómalas.

  • Afectación anatómica principal: Atrofia de los lóbulos frontales y/o temporales, con mayor implicación de regiones ventromediales, orbitofrontales, insulares y anterior cingulada en la variante comportamental.
  • Proteínas patológicas implicadas:
    • Tau (taupatías): agregados de proteína tau en ~40-50% de casos.
    • TDP-43 (transactive response DNA-binding protein 43): en muchas DFT oligárquicas.
    • FUS, ubiquitina u otras proteínas: en formas menos frecuentes.
  • Mecanismos clave: alteración del tráfico de proteínas, disfunción lisosomal/autofágica, pérdida sináptica, disrupción de redes neuronales de control ejecutivo y social.

Genética

Una proporción considerable de casos de DFT tiene componente hereditario.

  • Mutaciones conocidas en genes como MAPT (proteína tau) y GRN (progranulina) vinculadas a formas familiares.
  • La heredabilidad estimada es alta en comparación con otras demencias, aunque la penetrancia y expresión clínica son variables.
  • Estudios recientes de asociación genómica (GWAS) han identificado múltiples loci de riesgo adicionales, lo que sugiere poligénesis.

diagnóstico

El diagnóstico de DFT combina criterios clínicos, neuroimagen y en ocasiones marcadores de laboratorio.

  • Criterios clínicos: basados en cambios conductuales, del lenguaje o mixtos, con progresión y aparición de atrofia lobar.
  • Neuroimagen estructural: Resonancia magnética (RM) muestra atrofia selectiva frontotemporal; PET o SPECT pueden evidenciar hipometabolismo/hipoperfusión en regiones correspondientes.
  • Diferencial: Fundamental diferenciarla de la enfermedad de Alzheimer, demencia con cuerpos de Lewy, demencias vasculares, trastornos psiquiátricos.
  • Biomarcadores emergentes: Aunque aún no están plenamente estandarizados para clínica, se investiga la proteína tau, TDP-43, niveles de progranulina, neurofilamentos ligeros, entre otros.

Tratamiento

Actualmente no existe cura para la DFT; el tratamiento es de soporte y sintomático.

  • Terapias farmacológicas: manejo de síntomas conductuales (inhibidores de la recaptación de serotonina, antipsicóticos atípicos con precaución), y experimentación con fármacos dirigidos a tau, progranulina o sistemas lisosomales.
  • Intervenciones no farmacológicas: apoyo psicológico, rehabilitación del lenguaje en variantes afásicas, asesoramiento a cuidadores, ajuste ambiental.
  • Investigación activa: terapias génicas dirigidas a mutaciones de GRN, moduladores de tau, agentes anti-TDP-43, y ensayos clínicos de fármacos de “terapia de precisión”.

Retos e investigaciones futuras

Entre los desafíos destacan: diagnóstico precoz, heterogeneidad clínica y patológica, falta de tratamientos efectivos, necesidad de biomarcadores validados, integración de neuroimagen avanzada, genética y datos funcionales.

La creciente investigación sobre inteligencia artificial, análisis de redes cerebrales y terapias génicas augura avances significativos en próximos años.

La demencia frontotemporal representa una entidad neurodegenerativa compleja y heterogénea, caracterizada por la degeneración predilecta de las áreas frontales y temporales del cerebro, con manifestaciones conductuales, del lenguaje o mixtas. Su estudio combina neurología, psiquiatría, genómica y neurociencia de redes, y constituye un paradigma para comprender cómo la disrupción de las funciones ejecutivas y del lenguaje puede generar una forma temprana de demencia. A pesar de los avances científicos, el tratamiento curativo aún no está disponible, lo que convierte la DFT en un desafío prioritario para la medicina del futuro.

Genética de la Demencia frontotemporal

Heredabilidad y patrón de transmisión

  • Se estima que entre el 30-40% de los pacientes con DFT tienen historia familiar positiva, y alrededor del 10-20% presentan una mutación monogénica identificada.
  • En los casos con mutación identificada, la transmisión suele ser autosómica dominante con penetrancia variable.
  • La expresión clínica —edad de inicio, fenotipo conductual o de lenguaje, progresión— es altamente variable, incluso dentro de la misma familia portadora.
  • Además de los casos claramente heredados, existen numerosos factores de susceptibilidad genético-ambientales que contribuyen al riesgo en casos esporádicos.

Genes causales principales

Los tres genes más frecuentemente implicados en la DFT familiar son:

1. MAPT (Microtubule Associated Protein Tau)

  • Ubicación: cromosoma 17q21.
  • Las mutaciones en MAPT alteran la proteína tau, responsable del ensamblaje de microtúbulos y de la estabilidad neuronal.
  • Asociadas al subtipo clínico de DFT con parkinsonismo vinculado al cromosoma 17 (FTDP-17).
  • Suponen una proporción menor de casos totales de DFT, pero con fenotipo claro y estudios neuropatológicos bien definidos.

2. GRN (Progranulina)

  • Ubicación: cromosoma 17q21.31.
  • Mutaciones en GRN producen haploinsuficiencia de progranulina, provocando agregados de TDP-43 en neuronas y glía.
  • Asociadas a fenotipo de DFT de inicio intermedio, con atrofia asimétrica lobar frontal/parietal.
  • También son raramente causa de formas homo- o hemizigotas que presentan cuadros más extremos.

3. C9orf72 (Chromosome 9 open reading frame 72)

  • Mutación principal: expansión de repetición “hexanucleótido” (GGGGCC) en intrón/promotor del gen.
  • Se considera hoy la causa genética más frecuente en ciertas poblaciones (Europa, Norteamérica) en el espectro DFT-ALS (esclerosis lateral amiotrófica).
  • Mecanismos: tanto toxic gain-of-function (ARN de repetición, péptidos de di-aminoácido repetido) como loss-of-function (reducción de la proteína C9orf72, disfunción del tráfico lisosomal/ autofagia) han sido propuestos.

Otros genes menos frecuentes y factores de riesgo genético

  • Mutaciones en VCP, TBK1, TARDBP, CHMP2B, UBQLN2, SQSTM1, entre otros, han sido reportadas en familias con DFT o DFT/ALS.
  • Estudios de asociación genómica (GWAS) han identificado loci de riesgo que modifican la susceptibilidad (por ejemplo, TMEM106B en portadores de GRN).
  • Estos genes menores o modificadores contribuyen al fenotipo, edad de inicio, progresión, y a la heterogeneidad clínica de la DFT.

Mecanismos moleculares y vías patogénicas

  • Las mutaciones en MAPT alteran la proteína tau, favoreciendo su hiperfosforilación, agregación y disrupción del citoesqueleto neuronal.
  • Las mutaciones en GRN provocan la falta de progranulina, que conduce a una disfunción lisosomal/autofágica, acumulación de TDP-43 y muerte neuronal.
  • Las expansiones en C9orf72 inducen:
    1. Producción de ARN con repeticiones que secuestran proteínas de unión al ARN.
    2. Formación de péptidos de di-aminoácido repetido (DPR) tóxicos.
    3. Reducción de la proteína funcional C9orf72 y alteración de la autofagia y del tráfico de vesículas.
  • En la DFT es frecuente la superposición de acumulaciones de proteínas (por ejemplo, tau, TDP-43, FUS) lo que refuerza la idea de que la disfunción de la homeostasis proteica y del sistema de degradación celular es central.
  • Además, factores epigenéticos (metilación de ADN, microARNs) y ambientales (inflamación, trauma, toxinas) probablemente modulan la penetrancia genética.

Correlación genotipo-fenotipo

  • Portadores de MAPT tienden a presentarse con síntomas de conducta o parkinsonismo antes de los 65 años, atrofia temporal/ frontal anterior.
  • Portadores de GRN suelen presentar inicio más tardío, atrofia asimétrica más pronunciada, posibles microinfartos vasculares, déficit de lenguaje en variante progresiva.
  • Portadores de C9orf72 presentan mayor riesgo de desarrollos combinados DFT y ALS, mayor heterogeneidad fenotípica (psicosis, alucinaciones, parkinsonismo) y variabilidad de edad de inicio.
  • La presencia de modificadores genéticos (por ejemplo TMEM106B) influye en la edad de inicio, progresión y patrón anatómico.

Implicaciones clínicas y de asesoramiento genético

  • En familias con DFT, es fundamental realizar historia familiar detallada, y considerar pruebas genéticas en casos con inicio temprano (< 65 años), presentación familiar o fenotipo compatible.
  • El asesoramiento genético debe abordar la penetrancia incompleta, la variabilidad fenotípica, el impacto psicosocial y las implicaciones para los familiares en riesgo.
  • La identificación genética permite:
    1. Diagnóstico precoz y seguimiento de portadores presintomáticos.
    2. Estratificación de pacientes para ensayos terapéuticos dirigidos según mutación.
  • Muchos casos de DFT siguen sin mutación identificada; por tanto, la genética es un componente, pero no la totalidad de la etiología.

Perspectivas terapéuticas dirigidas

  • La genética ha abierto la puerta a terapias de precisión:
    1. Agentes para incrementar progranulina en mutaciones de GRN.
    2. Inhibidores o moduladores de tau en mutaciones de MAPT.
    3. Terapias de reducción de la expansión de C9orf72 (ARN antisentido, terapias genéticas).
  • Ensayos clínicos en investigación buscan portadores presintomáticos para intervención temprana, basados en la determinación genética y biomarcadores de progresión.
  • La detección de modificadores genéticos y biomarcadores tempranos permitirá eventualmente intervenciones preventivas adaptadas al riesgo genético.

La genética de la demencia frontotemporal es un campo dinámico que ha permitido comprender que aproximadamente un tercio de los casos tienen una base genética definida, principalmente en MAPT, GRN y C9orf72, y que un número mayor posee susceptibilidad genética modulada por otros genes. La caracterización precisa de los mecanismos moleculares ha llevado a nuevas vías de investigación y terapéutica potencial. Sin embargo, persisten desafíos: la elevada heterogeneidad clínica y neuropatológica, la variabilidad de penetrancia, y la mayoría de los casos esporádicos sin mutación identificada. Aun así, la integración de la genética con la neuroimagen, los biomarcadores biológicos y la investigación terapéutica promete avanzar hacia una medicina personalizada en DFT.

Historia de la Demencia Frontotemporal: de la locura precoz a la neurogenómica del lóbulo frontal

La Demencia Frontotemporal (DFT) —también llamada degeneración lobar frontotemporal (DLFT)— es una de las formas más enigmáticas y heterogéneas de degeneración cerebral. Aunque hoy se reconoce como la segunda causa más frecuente de demencia de inicio precoz (después del Alzheimer), su historia ha sido tortuosa, marcada por confusión terminológica, descubrimientos aislados y reconfiguraciones conceptuales profundas.

Desde los primeros casos descritos por Arnold Pick en 1892 hasta las investigaciones moleculares y genéticas del siglo XXI, la DFT refleja un siglo de evolución en la comprensión de cómo los lóbulos frontales y temporales sustentan la conducta, el lenguaje y la identidad.

Los orígenes: Arnold Pick y la “enfermedad de Pick” (1892–1920)

La historia de la DFT comienza con el neurólogo y psiquiatra checo Arnold Pick (1851–1924), discípulo de Alois Alzheimer y Theodor Meynert. En 1892, en el Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten, Pick describió a pacientes con deterioro progresivo del lenguaje, desinhibición y alteraciones conductuales vinculadas a una atrofia focal del lóbulo frontal y temporal, visible ya en autopsia.

Pick observó que: “Las áreas cerebrales responsables de la personalidad pueden degenerar selectivamente, destruyendo el carácter antes que la memoria.”

Sus estudios post mortem revelaron atrofia circunscrita (encefalomalacia lobar) y neuronas anómalas hinchadas —posteriormente llamadas células de Pick— junto con inclusiones argentofílicas intraneuronales, más tarde denominadas cuerpos de Pick. Durante décadas, esta condición se conoció como “enfermedad de Pick”, considerada una rareza dentro de las demencias preseniles, distinta de la Demencia senil de Alzheimer.

El siglo XX temprano: el legado de Alzheimer y la consolidación neuropatológica (1910–1950)

Alois Alzheimer (1864–1915), contemporáneo de Pick, validó los hallazgos neuropatológicos del checo y ayudó a diferenciar las dos entidades: la enfermedad de Alzheimer, con placas y ovillos difusos, y la enfermedad de Pick, con atrofia lobar localizada.

En los años 1920–1940, los neuropatólogos alemanes y franceses (Altmann, Onari, Simchowicz) ampliaron la descripción histológica: las células de Pick eran grandes neuronas balonizadas y los cuerpos de Pick, inclusiones de naturaleza proteica aún desconocida. Esta etapa consolidó el concepto de atrofia lobar circunscrita, precursor del término moderno “degeneración frontotemporal”.

Segunda mitad del siglo XX: entre la psiquiatría y la neurología

Durante buena parte del siglo XX, la enfermedad de Pick permaneció como diagnóstico histológico raro, mientras los pacientes eran clínicamente etiquetados con “psicosis frontales”, “esquizofrenia tardía” o “demencia precoz atípica”.

No fue hasta las décadas de 1960–1980 cuando los neurólogos comenzaron a reconocer que existían múltiples variantes clínicas de degeneración frontotemporal, más allá de los casos típicos de Pick.

Los estudios de H. Neary, J. Brun, L. Gustafson y otros demostraron que muchas demencias frontales carecían de cuerpos de Pick clásicos, y que la atrofia podía predominar en regiones frontales, temporales o del cíngulo anterior, con patrones de comportamiento y lenguaje distintos.

1980–1990: nacimiento del concepto de “Demencia Frontotemporal”

El término “Frontotemporal Dementia” fue propuesto en la literatura anglosajona en los años 1980, sustituyendo el antiguo epónimo de Pick.

En 1982, David Neary y John Hodges (Manchester y Cambridge) describieron series de pacientes con alteraciones de personalidad y conducta sin afectación inicial de la memoria, vinculadas a atrofia frontal y temporal anterior bilateral, confirmada en neuroimagen por TAC y RM.

En 1994, el Lund-Manchester Consensus Group estableció los primeros criterios diagnósticos internacionales de DFT, reconociendo tres variantes clínicas principales:

  1. Variante conductual (bvFTD): desinhibición, apatía, impulsividad, pérdida de empatía.
  2. Variante semántica (svPPA): pérdida del significado de las palabras y de los objetos.
  3. Afasia progresiva no fluente (nfvPPA): dificultad para articular y formar oraciones gramaticales.

Este consenso marcó la transición de la DFT de una curiosidad neuropatológica a una entidad clínica definible y diferenciable del Alzheimer.

Finales del siglo XX: la revolución molecular

A partir de la década de 1990, la DFT dejó de ser una simple descripción anatómica para convertirse en un modelo molecular de degeneración cerebral focal.

Los hitos clave fueron:

  • 1994: descubrimiento de mutaciones en el gen MAPT (microtubule-associated protein tau), en familias con DFT autosómica dominante (FTDP-17).
  • 1998–2000: identificación de la progranulina (GRN) como nuevo gen causal en cromosoma 17.
  • 2011: descubrimiento de la expansión hexanucleotídica en C9orf72, causa más frecuente de DFT familiar y de la forma combinada DFT-ELA.

Estos descubrimientos redefinieron la enfermedad desde una perspectiva proteica: taupatías, TDP-43 proteinopatías y FUS-proteinopatías.

La DFT pasó a entenderse como un síndrome clínico con múltiples causas moleculares, no como una entidad única.

Siglo XXI: neuroimagen, genética y biomarcadores

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, la investigación en DFT se expandió con fuerza:

  • Neuroimagen avanzada: resonancia magnética y PET revelaron patrones de atrofia específicos según gen o subtipo (frontal bilateral en MAPT, asimétrica en GRN, difusa en C9orf72).
  • Biomarcadores en LCR y plasma: aumento de neurofilamentos ligeros (NfL), niveles reducidos de progranulina, identificación de TDP-43 fosforilada.
  • Modelos animales y células iPS: permitieron estudiar la disfunción lisosomal, el tráfico vesicular y la homeostasis proteica.

Se consolidó también la diferenciación neuropatológica entre:

  • FTLD-tau,
  • FTLD-TDP,
  • FTLD-FUS,
    cada una con sus correlatos genéticos y clínicos.

Década de 2020: medicina de precisión y terapias génicas

En la actualidad, la DFT es objeto de una de las áreas más dinámicas de la neurociencia traslacional.

Los ensayos clínicos buscan terapias génicas y moleculares dirigidas:

  • GRN: chaperonas farmacológicas y terapia génica para restaurar progranulina.
  • MAPT: antisense oligonucleotides para reducir tau.
  • C9orf72: estrategias para bloquear la transcripción repetitiva tóxica.

Simultáneamente, los estudios de neuroimagen y genómica integrativa (Proyecto GENFI, ALLFTD, DIAN-FTD) intentan identificar biomarcadores presintomáticos, permitiendo intervenir antes de la degeneración irreversible.

La historia de la Demencia Frontotemporal ilustra el tránsito del ojo clínico al genoma. De Arnold Pick a la neurogenética moderna, el conocimiento ha pasado por tres revoluciones:

  1. Clínico–anatómica (1892–1970): descubrimiento de la atrofia lobar focal.
  2. Neuropsicológica (1980–1990): definición de los síndromes conductuales y del lenguaje.
  3. Molecular y genética (1998–presente): identificación de las proteínas y genes responsables.

Hoy, la DFT es entendida como un síndrome proteopático, donde la alteración de proteínas intracelulares (tau, TDP-43, FUS, progranulina) disuelve las redes que sostienen el lenguaje, la emoción y la conducta. En palabras del neurólogo Jonathan Rohrer (UCL, 2023): “La demencia frontotemporal nos enseña que la pérdida del yo puede tener un gen, una proteína y un patrón de atrofia.”

“Pick describió el primer mapa de una demencia focal; la neurociencia moderna dibujó, sobre ese mapa, toda una familia de enfermedades que hoy llamamos frontotemporales”, a criterio de Neary y Hodges, en Frontotemporal Dementia Revisited (Brain, 2011).

En Opinión de los Protagonistas

En Über die Beziehungen der senilen Hirnatrophie zur Aphasie (Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten, 1892), Arnold Pick describió por primera vez lo que hoy conocemos como demencia frontotemporal: “Las áreas cerebrales responsables de la personalidad pueden degenerar selectivamente, destruyendo el carácter antes que la memoria.” Su frase es pionera porque identificó la degeneración focal del lóbulo frontal como causa de alteraciones de conducta antes que de la memoria, un concepto revolucionario en su tiempo.

En Über eigenartige Krankheitsfälle des späteren Alters (Zeitschrift für die gesamte Neurologie und Psychiatrie, 1911), Alois Alzheimer diferenciaba las dos demencias más tempranas conocidas, destacando que la de Pick era localizada: “La enfermedad de Pick y la mía son distintas: una ataca la corteza frontal, la otra la difusa trama del cerebro.” Su observación anticipa la noción moderna de demencias focales vs. difusas.

En su obra Die Encephalitis lethargica, Constantin von Economo decía en 1929: “Los lóbulos frontales son el órgano de la civilización: su pérdida nos devuelve a la infancia o a la barbarie.” Aunque no se refería directamente a la DFT, este comentario se ha asociado históricamente a su fisiopatología. La DFT demuestra clínicamente esa regresión moral y social que ocurre cuando el lóbulo frontal se apaga.

En una conferencia en la Universidad de Cambridge, en 1994, John Hodges, uno de los neurólogos que redefinió la DFT moderna, dijo: “En la demencia frontotemporal, el yo no se borra de golpe: se descompone lentamente en impulsos, apatía y silencio.” Así describió la progresión clínica de la enfermedad. La frase ilustra la disolución progresiva del yo que caracteriza la variante conductual.

David Neary, coautor de los primeros criterios internacionales (Frontotemporal Lobar Degeneration: Consensus on Clinical Diagnostic Criteria; Neurology, 1998), subrayaba que la DFT afecta ante todo la conducta y la emoción, y no la memoria: “La demencia frontotemporal es la enfermedad que enseña que el cerebro no sólo piensa: también se comporta.” Es una declaración paradigmática de la neuropsicología contemporánea.

En una entrevista en el UCSF Memory and Aging Center, en el año 2000, Bruce L. Miller sentenciaba: “El Alzheimer roba la memoria; la frontotemporal, la humanidad.” Esta frase, tan breve como poderosa, sintetiza la diferencia fundamental entre ambas demencias. En la DFT se conserva la memoria, pero se pierden la empatía, la ética y la regulación emocional.

En su artículo Primary Progressive Aphasia, en el Annals of Neurology de 2001, Marsel Mesulam describió las afasias progresivas primarias, hoy reconocidas como variantes lingüísticas de la DFT: “El lenguaje es la primera víctima cuando el cerebro anterior izquierdo comienza a olvidar su propia gramática.” Su opinión refleja la pérdida del lenguaje como función cognitiva superior derivada de la degeneración del lóbulo temporal anterior.

En un artículo en Nature en 1998 (Association of Missense and 5′-Splice-Site Mutations in Tau with Inherited Dementia FTDP-17), el equipo de Hutton establecía que “una sola mutación en el gen tau puede desorganizar la arquitectura entera del cerebro.” Con el descubrimiento del gen MAPT, Hutton inauguró la era genética de la DFT. Su frase resume el impacto de los hallazgos moleculares: una alteración microscópica capaz de destruir la personalidad y la conducta.

En el Simposio Internacional de Neurología Clínica de Londres, en 2005, Ian McKeith, pionero en demencias con cuerpos de Lewy, sintetizó el perfil conductual de la DFT: “Si la enfermedad de Alzheimer es el olvido, y la de Lewy es la confusión, la frontotemporal es la pérdida del control.” Así definía su esencia neuropsicológica: el fracaso del lóbulo frontal como director del cerebro.

Bruce Miller y Maria Luisa Gorno-Tempini remarcaban, en Frontotemporal Dementia Syndromes (2010), la especificidad funcional de la DFT: “La DFT no destruye el intelecto de forma uniforme: revela que la mente tiene regiones de fragilidad selectiva.” Las distintas variantes clínicas muestran cómo la degeneración localizada produce déficits cognitivos selectivos.

Jonathan Rohrer, referente del proyecto GENFI, destacaba en Phenotypic Signatures of Genetic Frontotemporal Dementia (Current Opinion in Neurology, 2015) la fuerte base hereditaria de la DFT: MAPT, GRN y C9orf72: “La genética ha convertido a la demencia frontotemporal en una enfermedad de familia antes que de edad.” Con esta afirmación señalaba la transición desde la clínica hacia la genética predictiva.

Rosa Rademakers, investigadora líder en genética de DFT, expresaba poéticamente en Genetic Frontotemporal Dementia (Brain, 2019), la diversidad molecular de la enfermedad: cada gen —MAPT, GRN, C9orf72— habla un lenguaje neurodegenerativo propio, aunque todos destruyen las mismas funciones humanas: “Cada mutación nos enseña un idioma distinto de degeneración.”

En el Simposio de Neuroinmunología, en la universidad de Washington en 2020,

Jonathan Kipnis interpretaba la DFT como una demencia del cerebro social, donde se pierden las redes de empatía y regulación afectiva mucho antes que la inteligencia abstracta: “El cerebro social muere antes que el intelectual.”

En el King’s College de Londres, en 2021, Chris Shaw, especialista en FTD y ELA, se refería a la disrupción de las redes frontotemporales y su correlato en la sinapsis: “La demencia frontotemporal no es una enfermedad del tiempo: es una enfermedad de la conexión.” La DFT, para él, es una desconexión progresiva entre las áreas que generan pensamiento y emoción.

Un comentario contemporáneo anónimo en 2024 apuntaba: “La DFT no borra la memoria, borra la brújula moral.” Una síntesis moderna del núcleo clínico de la enfermedad: los pacientes recuerdan, calculan y hablan, pero pierden el juicio moral, la empatía y la autorregulación, rasgos que definen la humanidad misma.

Las frases de Pick y Miller, separadas por más de un siglo, expresan la misma verdad: la DFT no destruye la memoria, sino aquello que hace que una persona sea ella misma.

Pick no tuvo tanta suerte como Alzheimer, ni Alzheimer ni Meynert fueron tan generosos con Pick como Kraepelin lo fue con Alzheimer. Si Pick no fuera checo o hubiera tenido un maestro como Kraepelin, hoy la DFT sería la enfermedad de Pick, con tanto derecho como la otra, que Kraepelin quiso que se llamara enfermedad de Alzheimer.

Ramón Cacabelos

Catedrático de Medicina GenómICA

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